“Yo soy de Jesús” es el título de un libro que me regaló mi madrina el día de mi Primera Comunión. Lo sigo teniendo conmigo como un recordatorio de que la gracia recibida en ese día es algo muy valioso que tengo que seguir cultivando a lo largo de toda mi vida y de que ese pertenecer totalmente a Jesús me da la fuerza para hacer a un lado todas mis inseguridades y confiar plenamente en su proyecto sobre mí.
Próximamente yo seré madrina de Primera Comunión y en estos instantes de preparación quisiera compartirles el gozo y deseo que experimentaron algunos santos cuando vivieron ese momento tan especial. En nuestros tiempos modernos no es común que se reflexione como antes sobre el significado de los sacramentos porque el ambiente consumista trata siempre de anestesiarnos. Es triste el no tomar conciencia de que los sacramentos son los signos eficaces de la gracia mediante los cuales se nos otorga la vida divina. Los necesitamos para abrazar la virtud en la entrega a Dios y a nuestro prójimo.
Santa Teresita de Lisieux dejó por escrito en su auto-biografía Historia de un Alma toda la riqueza que representó para ella el recibir a Jesús por primera vez. En sus palabras se refleja su gran ilusión:
“¡Por fin amaneció para mí el día más hermoso de la vida! Los detalles más mínimos de aquellas horas celestiales dejaron en mi alma indelebles recuerdos: el alegre amanecer de la aurora, los respetuosos y tiernos besos de nuestras maestras y compañeras mayores, el cuarto donde nos vestimos, lleno de níveos copos de que se revestía a su vez cada niña, y sobre todo la entrada en la capilla y el cántico matinal.
¡Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma!… Sentíame amada y repetía a mi vez: -¡Os amo, me entrego a Vos para siempre!-”
Santa Gema Galgani hizo su Primera Comunión el día de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Necesitó un permiso especial para hacerla porque su deseo de recibir a Jesús era demasiado grande y todavía no tenía la edad requerida. Para ella la Eucaristía fue el centro de su vida. Siempre vivió ofrecida a Dios con una misión clara reflejada en su oración: “Jesús; yo quiero llegar con mi voz hasta los últimos confines del universo para alcanzar a todos los pecadores y gritarles que entren todos dentro de tu Corazón”.
Lucía Dos Santos, quien recibió las visitas de la Virgen de Fátima junto con los niños santos Jacinta y Francisco, compartió lo que vivió el día de su Primera Comunión: “Cuando cumplí seis años mi madre pensó que estaba lista para hacer la Primera Comunión. Mi alegría no tuvo límites. Amaneció por fin el día feliz. Cuando el sacerdote vino a distribuir el Pan de los Ángeles, el corazón parecía querer salirse del pecho, pero luego que posó en mis labios la Hostia Divina, sentí una serenidad y una paz inalterables; sentí que me invadía una atmósfera tan sobrenatural que la presencia de nuestro buen Dios se me hacía tan sensible como si lo viese o lo oyese con los sentidos corporales. Le dirigí entonces mis suplicas: «Señor, hazme santa; guarda mi corazón siempre puro, para Ti solo». Aquí me pareció que nuestro buen Dios me dijo en el fondo de mi corazón estas inconfundibles palabras: «La gracia que hoy te es concedida permanecerá viva en tu alma produciendo frutos de vida eterna». Yo me sentía tan saciada con el Pan de los Ángeles que me fue imposible, por entonces, tomar alimento alguno. Perdí desde entonces, el gusto y atractivo que comenzaba a sentir por las cosas del mundo y únicamente me sentía bien en un lugar solitario donde, a solas, pudiese recordar la delicias de mi primera comunión”.
El Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes, recordó con gran agradecimiento el día que derramó lágrimas de alegría al recibir por primera vez a Jesús y atesoró el rosario que su mamá le regaló en esa ocasión. Las circunstancias de su Primera Comunión fueron complicadas porque los sacerdotes eran perseguidos en ese tiempo que siguió a la Revolución Francesa.
Los ejemplos de estos santos que fueron cautivados por la alegría de recibir por primera vez a Jesús nos invitan a valorar el tesoro que recibimos cada vez que comulgamos. Pidamos por todos los niños que se acercan a recibir a Jesús, por las personas que ya no quieren recibirlo y por todos aquellos que necesitan a Cristo pero todavía no lo han encontrado.
Termino con la frase de mi estampita de Primera Comunión: “Al recibirte, Oh Jesús, por vez primera, conserva mi corazón puro hasta mi comunión postrera”.
Voces en el Tiempo. Martha Moreno
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