Cuando tuve la gracia de conocer el Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, me cautivó una frase atribuida a Goethe que allí encontré: “En ningún lugar encontrará el hombre la serenidad sino en su propio Montserrat”.

A la luz de la reciente visita de nuestro Papa León XIV y de su llamado a la comunión, me atrevería a reformularla: “En ningún lugar encontrará el hombre la verdadera serenidad sino en nuestro Montserrat: María, Madre Nuestra, que nos congrega como hermanos y nos conduce a Cristo, fuente de toda paz”.

Estamos sedientos de serenidad, de paz, de verdad y de justicia. Como humanidad, hemos olvidado con demasiada frecuencia los valores del Evangelio. Sin embargo, María sigue repitiéndonos con ternura las palabras de Caná: “Hagan lo que Él les diga”. Ella no se anuncia a sí misma, nos lleva de la mano hacia Jesús, y Jesús nos enseña el camino del amor que transforma el mundo: amarnos unos a otros como Él nos ha amado.

Me encantaría regresar algún día a ese lugar de cielo donde lo invisible parece hacerse visible, donde una montaña santa se alza como una llamada permanente a la conversión, a la esperanza y al encuentro con Dios.

Hoy les comparto un poema sencillo que hace más de diez años escribí pensando en María. Nuestra Señora de Montserrat, cuya advocación acompaña mi hogar junto al Sagrado Corazón de Jesús:

 

En ningún lugar encontrará el hombre

serenidad sino en su Montserrat;

con María nuestro ser no se rompe,

nos introduce en los paisajes de Seurat.

 

El coro sublime, la Escolanía,

paraíso escondido en nuestra tierra;

los seres humanos en cercanía

subamos con los ángeles la sierra.

 

Su bello rostro labrado en la roca

atrae visitantes enamorados,

quienes con la bendición de su boca

calman sus corazones derrotados.

 

Un santuario salido de este mundo

gobernado por divina instrucción,

suscita los deseos más profundos

de caridad, justicia y conversión.

 

Quiero volver con un simple regalo

en acción de gracias a su santuario;

en espíritu su montaña escalo

para darle mi vida en un rosario.

 

Voces en el tiempo

Martha Moreno