En un año que ha iniciado con grandes retos, pruebas e ilusiones, la “confianza en Dios” puede ser el origen de sonrisas renovadas y de un agradecimiento sincero. Un gesto concreto de confianza cada mañana, escrito a mano en nuestro diario, nos ayuda a disipar el desánimo, el temor y la intranquilidad. Estar continuamente en la presencia de Dios, imitando al hermano Lorenzo, conserva nuestro día en el amor de Dios y en la disposición alegre de hacer su Voluntad. El Papa León XIV, a finales del año pasado, recomendó la lectura del libro La Práctica de la Presencia de Dios, escrito por el hermano Lorenzo, de la orden carmelita. Esta obra clásica nos invita a estar conversando todo el tiempo con Dios, para así transformar nuestras actividades ordinarias en adoración. Los consejos de un humilde monje del siglo XVII nos orientan frente a la ansiedad y el ruido exterior, conduciéndonos a una vida interior serena, confiada y sencilla, que se hace visible en obras de amor, servicio y virtud.

Leyendo las cartas del sacerdote y psicólogo Henri Nouwen encontré una bendición que abre la puerta a Dios en un nuevo año y en nuestras vidas:

“Que el Señor los bendiga y les conceda alegría y paz a ustedes y a su familia.

Que el Señor les conceda la confianza profunda de que Él llevará a plenitud el trabajo que ha iniciado en ustedes. Que les brinde confianza en este tiempo de su vida. Que su fuerza y su gracia se manifiesten más y más en ustedes.

Que les brinde esperanza en su promesa de que en todo lo que pase en sus vidas y familias, Él siempre permanecerá con ustedes y caminará a su lado para guiar sus mentes y sus corazones.

Y más que todo, que el Señor les conceda una profunda gratitud, no sólo por los momentos hermosos, sino también por los tiempos de lucha o dolor que han purificado sus corazones y los han hecho conscientes de su dependencia en Su Amor”. Nouwen, Henri. Con amor. Carta del 30 de agosto de 1993 a Rick y Bonnie por su aniversario.

Continuando con esa petición de confianza absoluta, el hermano Roger Schutz (1915 – 2005), fundador y prior de la comunidad Taizé, en Francia, escribió en uno de sus diarios:

“Entregártelo todo con un corazón de niño. Abandonarse a Ti. Confiarte lo que contraría al corazón y los proyectos. Rezar por quienes se nos oponen… Confiarte una vez más y, a cada instante, lo que nos inquieta… Entonces, poco a poco, la alabanza de tu amor se convierte en lo esencial. Tocad, órganos y cítaras. Flautas, cantad en mí. Voz sorda y a la vez estridente: que nada detenga la indispensable alabanza de tu amor”. Schutz, Roger. Asombro de un amor. 3 de enero de 1976.

Para seguir inspirados en la certeza de que sí podemos entrar en la confianza que nos conduce a la paz, recuerdo una oración de la venerable Madeleine Delbrel (1904 – 1964), mística, trabajadora social y poeta francesa:

Una invitación a la alegría

“Señor, haznos vivir nuestra vida, no como un juego de ajedrez donde todo está calculado. No como un partido donde todo es difícil. No como un teorema que nos rompe la cabeza. Sino como una fiesta sin fin donde se renueva tu encuentro, como un baile, como una danza, entre los brazos de tu gracia, con la música universal del amor. Señor, ven a invitarnos”.

Madeleine tuvo una conversión muy profunda que la llevó a vivir y expresar su fe católica en ambientes ateos. Ella escribió: “Si vas al fin del mundo, encontrarás la huella de Dios; si vas al fondo de ti mismo, encontrarás a Dios”.

Teniendo en cuenta las enseñanzas del hermano Lorenzo y su práctica de la presencia de Dios; de Henri Nouwen, con sus peticiones de paz, alegría y confianza; del hermano Roger de Taizé en su ejemplo de abandono y, por último, de Madeleine Delbrel, con su invitación a la alegría; termino renovando mi consagración a la Virgen María, como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Ella siempre está con nosotros y su protección cariñosa nos inunda de confianza.

Voces en el tiempo

Martha Moreno