Querido Jesús niño:

Se acerca tu llegada. Los hogares de preparan espiritualmente para que nazcas en los corazones de cada uno de sus hijos. Tenemos frente a nosotros el misterio: la Sagrada Familia es nuestro modelo a seguir. Acude a mi mente Carlos de Foucauld, un santo profundamente arraigado en Nazaret.

Pienso en lo que ha acontecido en mi vida y cómo en muchas ocasiones me ha faltado confiar más en Ti. Si fuera tu querida Madre María, a punto de dar a luz al Hijo de Dios, ¿cuál hubiera sido mi reacción ante la petición de mi esposo José de viajar a otro lugar para cumplir con la obligación del censo?

Estas hubieran sido algunas de mis respuestas:

  1. Dios, con nuestra ayuda, pronto salvará al mundo. Lo que menos importa es un censo. Mejor nos quedamos en casa.
  2. No puedo ni debo arriesgar al Redentor, ni mi propia vida como Madre del Salvador.
  3. – Ve tú, José. Mi presencia no es necesaria-.
  4. Lo que a nosotros nos corresponde es asegurarle al niño Jesús, hijo de Dios, el mejor lugar posible: No debemos ni pensar en movernos hacia la inseguridad.
  5. ¿Por qué tenemos que cumplir con una ley humana si en estos momentos estamos dentro de una ley mayor?

Tus planes siempre sobrepasan nuestro entendimiento. Sólo almas tan puras como las de María y José son capaces de abandonarse completamente a la bondad y providencia divinas. Lo único necesario eres Tú. La confianza, la obediencia y la simplicidad son un conjunto de estrellas maravillosas que nos abren camino hacia tu plena verdad. Esas estrellas las encontramos en la Sagrada Familia y por eso, nuestra mirada debe estar en ella.

Perdona, Jesús, todos aquellos momentos en nuestra vida en los que hemos dejado que nuestra imaginación se desborde, impidiendo la libre confianza en tu Corazón. ¿Cuántas veces lo que ni siquiera va a suceder nos preocupa? ¿Cuántas veces los pequeños problemas nos abruman? ¿Cuántas veces lo que otros piensan nos hace temblar? ¿Cuántas veces la inseguridad del mañana nos bloquea y nos impide vivir un presente de eternidad? ¿Cuántas veces cambiamos los valores y le damos a lo económico, placentero o social el primer lugar? ¿Cuántas veces nos metemos tanto en nosotros que se nos olvida el proyecto que Tú tienes sobre nosotros?

Dios Padre le dio una misión a María, tu Santísima Madre, y ella la tomó con amor. El ser portadora del mismo Dios le dio la valentía para actuar para Ti sin pensar en ella. Tomó riesgos sabiendo que esos riesgos eran para una misión de amor y redención. Tomó riesgos porque estaba identificada totalmente Contigo.

Estas palabras de la poeta y mística Raissa Maritain me invitan a entrar en la escena de tu nacimiento y a brindarte la hospitalidad de mi alma: “Nuevamente, cuando profundizo en mi oración, me encuentro con las mismas peticiones sencillas de Dios: gentileza, humildad, caridad, simplicidad interior; nada más se pide de mí. Y, de repente, veo claramente por qué estas virtudes son necesarias. A través de ellas el alma se vuelve habitable para Dios y para nuestros semejantes en una forma íntima y permanente… Ahora debemos arriesgar muchas cosas por amor a la Virgen María”. Diario de Raissa.

Querido Jesús, ante el misterio de tu nacimiento, permítenos poner toda nuestra confianza en Ti. Que en esta Navidad Tú lo seas todo y nosotros seamos para Ti. Amén

Voces en el tiempo. Martha Moreno.