Gracias a la invitación que me hizo una amiga de aprovechar las bondades que se reciben con el agua de Lourdes, me puse a reflexionar y me di cuenta de que últimamente, en mis lecturas, me he encontrado con Nuestra Señora de Lourdes. En este escrito y en los dos que siguen, les compartiré a tres autores, la influencia de Lourdes en sus vidas y lo que en este tiempo nos puede decir también a nosotros nuestra Madre María, que se apareció a Sta. Bernardita Soubirous, en Lourdes, Francia, en el año de 1858.

El primer escritor es Robert Hugh Benson, inglés. Nació en 1871. Su papá fue arzobispo de Canterbury, primado de la Iglesia Nacional Anglicana. De su familia recibió una gran educación. Su padre murió repentinamente en 1896 y Benson fue enviado a un viaje para recuperar su salud. Estando allí, comenzó a cuestionarse su permanencia en la Iglesia de Inglaterra y a considerar la Verdad en la Iglesia católica.

Benson se convirtió al catolicismo, partió a Roma a estudiar y fue ordenado sacerdote católico. Fue un gran predicador. Sus novelas y libros, algunos de ficción o de temas sobrenaturales, le apasionaron. Murió joven, a los 43 años. Su libro más famoso es El Señor del Mundo, una novela apocalíptica que trata de un líder totalitario que unifica al mundo en una ideología sin Dios. Yo prefiero los libros que invitan a la esperanza, por eso quise conocer mejor a Benson en sus otros escritos. Ahí fue donde descubrí su pequeña obra Lourdes, que refleja su cariño a la Virgen María y detalla sus observaciones, en particular sobre la relación entre la fe y la ciencia. Platica todo lo que experimentó al acudir al santuario de Lourdes y cómo esa vivencia reforzó su fe al apreciar la fuerza de la oración que sana, la solidaridad entre los peregrinos y cómo se manifiesta lo sobrenatural en lo cotidiano. En sus visitas a la gruta de Masabielle se admiró viendo a enfermos en camillas esperando un milagro, familias completas rezando el rosario, personas en silencio buscando consuelo y la devoción sencilla de la gente común. Le llamaron mucho la atención los voluntarios que ayudan a los enfermos como ejemplos de caridad cristiana. También describió a detalle la procesión del Santísimo, la procesión de las antorchas, el Ave María cantado por muchísimas personas y el silencio y respeto ante la Eucaristía. Algunas frases que me gustaron mucho son:

“Era imposible no sentir, aún antes de ver la ciudad, que Lourdes no era como los demás lugares de la tierra. Había en el aire algo que parecía un susurro de incontables oraciones”.

“Dejar Lourdes al final de la peregrinación era como dejar mi hogar”.

“¿Se va Cristo cuando llega María? Eso lo dicen los no católicos. Pero, en realidad, todo indica que, como los sabios magos de Oriente lo percibieron, los hombres todavía encuentran a Jesús niño junto a María, su madre”.

“María se me ha aparecido en una nueva luz desde que visité Lourdes… Ella es asiento de la sabiduría, torre de marfil, virgen a punto de dar a luz, atravesada por siete espadas, y a la vez serena mientras mira a su Hijo”.

“Los peregrinos llegaban con cansancio en el cuerpo, pero con una esperanza invencible en el alma, como si cada paso fuera una súplica.”

“La fe aquí no era un concepto abstracto, sino una fuerza viva que obraba en los corazones de los humildes”.

Benson sintió una profunda atmósfera de oración. Insistió en que el milagro más grande es la paz interior que transforma a quienes aceptan su sufrimiento con fe. Cuando se retiró, sintió que la presencia de María en Lourdes había cambiado su manera de ver el mundo y experimentó fuertemente la misericordia divina. Él reconoció haber visto pruebas de amor, fe auténtica y unidad.

Me quedó muy claro el gran cariño que Benson tuvo hacia la Virgen María en su advocación como Nuestra Señora de Lourdes. El mensaje de la Virgen de invitación a la oración, a la penitencia y a beber del manantial para abrirnos al amor, a la sanación y a la esperanza, sigue estando vigente y nos puede ayudar mucho para un proyecto de adviento.

Voces en el tiempo. Martha Moreno.