Partiré de un cuadro, de una película y de mi preparación de un altar de muertos, para entrar en las celebraciones ya cercanas de la Comunión de los Santos y el Día de Difuntos. Mi propósito es dar esperanza y consuelo en un año difícil.

UN CUADRO.- Contemplo un cuadro de mi sala, titulado Voces Silentes, del pintor sonorense Esteban Moreno. Siempre me ha encantado porque parece una Trinidad. Son tres rostros parecidos, con miradas penetrantes que quieren ser vistas y surgen de las ramas de un árbol. ¿Por qué sus voces no se escuchan? ¿Nadie las ha descubierto? ¿Están escondidas? Pienso yo en tantas voces antiguas que han sido calladas, que ya no se enseñan ni se toman en cuenta, porque la ideología ha sustituido, en muchos casos, al verdadero saber. Hace poco conseguí el libro Hombres y Dios, del escritor holandés Pieter Van der Meer. La edición es del año 1949 y el libro nunca fue leído por su dueño original. ¿Cómo lo sé? Porque tuve que despegar sus páginas. Ojalá muchas personas conocieran este tesoro oculto. En este tiempo, ¿no están silenciadas muchas voces maravillosas como la de grandes abuelos, ancestros, héroes de antaño, almas sencillas y caritativas, poetas, músicos, artífices de paz que tuvieron encuentros con la suprema fuente del amor? Esto puede ser parte del misterio del amor escondido que abarca a las almas que recordamos el 1º de Noviembre. Hay historias de personas, que formaron parte de nuestras vidas y que ya no están con nosotros, que no debemos olvidar porque pueden seguir animando a nuestro mundo cansado de tanta maldad. Cada día somos salvados por voces silentes que ya están con Dios, pero también por voces vivas que permanecen en oración y contemplación.

UNA PELÍCULA.- La película Canción de los Nombres Olvidados (Song of Names) presenta la historia de un niño polaco, prodigio en el violín, llamado Dovidl, que es recibido por una familia británica para continuar su preparación como concertista. Durante la Segunda Guerra Mundial se pierde la comunicación con su familia de origen judío. Dovidl queda muy afectado por no saber con certeza si su familia estaba viva y lamenta profundamente que sus padres y hermanos no fueran recordados en la oración que los judíos hacían por sus muertos. Por esta causa se enoja con Dios y pierde su fe. Ya en su juventud, cuando iba a dar su primera presentación en una sala de conciertos, se baja en la estación equivocada y sin querer se encuentra entre puras personas judías que lo invitan a la sinagoga. Él les platica su situación y pronto lo hacen parte de una ceremonia donde se escucha una larguísima canción en la que se pronuncian los nombres de todas las personas que habían fallecido en la guerra. Ahí escucha los nombres de sus familiares en una melodía bellísima. En ese momento siente que Dios respondió a su súplica y que nunca olvidó a los suyos. Esta película me pone a pensar en tantas personas que han muerto por Covid. Quizá estuvieron solas en sus últimos momentos, sin sacramentos, sin consuelos. Pero estoy segura que Dios les dio una bienvenida grande y cariñosa. Y definitivamente no quedarán olvidadas. Sus nombres serán pronunciados de manera especial.

UN ALTAR DE MUERTOS.- No pensaba preparar un altar de muertos este año hasta que recibí como regalo una maceta con flores de cempasúchil. El primer elemento ya lo tengo, por lo que me daré a la tarea de dedicar este altar a los que fallecieron por corona virus. Entre ellos entrarán tres personas queridísimas: Alejandra, con sus dones de unidad, entusiasmo y organización en la familia; Héctor, noble amigo de sólidos valores y maestro en el mundo de los toros; don Armando, un gran papá, optimista, cariñoso y gran conversador. Como toque especial colocaré las siguientes frases de mi querido escritor Ernst Jünger, quien reservó siempre un lugar muy especial para sus difuntos:

“Estamos separados unos de otros, igual que las estrellas, por profundidades infinitas. Pero las cosas serán diferentes después de la muerte. Lo hermoso de la muerte es eso, que al extinguirse la luz corporal se elimina también esa distancia. Estaremos en el cielo”.

“Dos veces menciona Bloy que personas fallecidas lo han despertado durante la noche; una vez llaman a su puerta, la otra oye sus nombres. Entonces Bloy se levanta y reza por su salvación. Tal vez vivimos, también hoy, gracias no sólo a las fuerzas de oraciones pasadas, sino también de oraciones futuras, que serán rezadas después de que hayamos fallecido”.

“Nadie muere antes de que quede cumplida su tarea. Casi siempre se la desconoce”

“¿Qué cosas ocurrirán antes de que volvamos a vernos?”

“Las aventuras en la Tierra no son más que símbolos de la Aventura última, la más grande”.

“Más tarde estuve en el cementerio; alrededor de las tumbas reinaba una vida muy agitada, ya que era la Asunción de María y los muertos toman parte de las festividades”.

“Fiel a mi costumbre de acompañar en cualquier país del mundo a muertos desconocidos, me he sumado al cortejo fúnebre”.

INTEGRACIÓN DE MI CUADRO, LA PELÍCULA Y EL ALTAR.- Entrando en comunión con tantos santos escondidos que nos miran esperando ser escuchados, como los rostros de mi cuadro, ¿de qué creativas maneras podemos honrar a nuestros difuntos?

  1. Mediante nuestra oración como obra de misericordia que no termina.
  2. Dando continuidad a sus misiones de vida.
  3. Reconociendo su papel de maestros que se nos adelantaron.
  4. Escribiendo lo positivo que nos dejaron, pasando del lamento a la alegría.
  5. Presentando a Dios y a sus amigos sus dones.
  6. Mediante la hospitalidad al tenerlos presentes con acciones tan sencillas como escuchar su música preferida o preparar sus platillos favoritos.
  7. No permitiendo que las voces de nuestros difuntos se conviertan en voces silentes o voces olvidadas. Seguirlas escuchando porque todavía nos tienen mucho que decir.
  8. Buscando la amistad de los santos, no nada más de los que conocemos porque han sido canonizados. Pedir su intercesión por los difuntos.

VOCES EN EL TIEMPO. MARTHA MORENO