Me llama mucho la atención la vida de Santa Hildegarda de Bingen. Ella fue abadesa, estudiosa, poeta, música, sanadora, profeta y consejera de grandes personajes de la historia de su tiempo. Vivió en el siglo XII. Falleció el 17 de Septiembre de 1179. A los ocho años la llevaron sus padres a vivir con una ermitaña llamada Jutta para ser educada en un monasterio. Desde su niñez reflejó el amor de Dios y al estar queriendo siempre alabarlo pudo hacer de su vida una ofrenda de múltiples talentos y generosidad. Siento que ella lo veía todo en términos de cantos y gratitud. Esas alabanzas la hicieron capaz de ser compositora, poeta e incluso doctora al reconocer y agradecer la maravilla del cuerpo humano. Ese poder agradecer todas las bendiciones de Dios le dio la valentía para escribirle a clérigos, a reyes e incluso a Papas buscando siempre corregir defectos y mejorar las virtudes en la vida de la Iglesia y del mundo. Era consciente de que su vida no era para ella sino para permitir a Dios realizar su proyecto sobre ella.

¡Qué diferente cuando vemos nuestra vida en términos de gratitud en vez de quejarnos o reclamar lo que nos falta para ser más felices! En nuestros ambientes siempre estamos escuchando reclamos por derechos y muy poco se habla de reconocer responsabilidades o de ser agradecidos. Santa Hildegarda fue tomada por algún tiempo como modelo de ciertos grupos feministas hasta que les dejó de gustar que ella se refiriera a sí misma como una “pobre mujercita”. La idea de Hildegarda jamás fue la de un “empoderamiento” por sus grandes capacidades, sino más bien siempre reconoció su pequeñez y se puso a actuar para ayudar a todas las personas a su alrededor. Esa era la clave para una verdadera felicidad: salir de sí misma para dar gloria a Dios. Al hacerlo hizo posible que florecieran todos sus dones. Creo que todas las personas tienen maravillosos talentos que muchas veces se quedan escondidos porque se centran demasiado en sí mismas e impiden que lo mejor salga de ellas.

Pensando en Santa Hildegarda, les comparto este ejercicio de gratitud.

 

GRATITUD

 

Por cada feliz hora santa,

por tu Madre Santa María,

por las maravilla del día

y las flores que me levantan;

 

por cada comadre y amiga,

por nuestro rosario ofrecido,

por mis hijos y sus caminos,

y por escuchar las Cantigas;

 

por cada lectura y poema,

por tantos encuentros y planes,

por todas las dificultades,

y por las benditas faenas;

 

por la música que me invita,

por tus símbolos y señales,

por todas tus suaves bondades,

y tu Corazón que me habita;

 

por eternos descubrimientos,

por los guías que me aconsejan,

por la Luna que nos refleja

la pureza tierna del tiempo;

 

por mis nobles amigos santos,

por las almas que ya te encuentran,

por las palabras que nos alientan

y la compasión de tu manto;

 

por tu Sangre preciosísima

y tu Espíritu en sabios dones,

por mis cuatro amados varones

con cualidades rarísimas;

 

por ese vivir entre libros,

por tu intervención en mi vida,

por darme tu amor sin medida

que trasciende todos los siglos.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO