¿Cómo podemos dar la bienvenida a un nuevo año que nos llega como un obsequio de vida, cargado de sorpresas, novedades, posibles tristezas y seguramente muchas alegrías? Esta pregunta la puedo relacionar perfectamente con la fiesta de hoy: la Epifanía, donde los magos de Oriente llegan a dar regalos al Rey de reyes, en un acto generoso de adoración y reverencia. Estos visitantes dejan sus intereses personales a un lado, para dirigir su mirada y su camino a un niño pequeño y pobre, pero merecedor de toda alabanza, por ser el mismo Dios encarnado en misión salvadora. Según el escritor Ernst Jünger: “Un bello sinónimo de hacer regalos es despojarse de algo. Si prescindo de mis bienes en favor de otro, los pierdo sólo en apariencia: la pérdida exterior se convierte en ganancia interior”. Definitivamente eso sucedió con los magos: se despojaron de su oro, incienso y mirra para ganar la amistad más grande que se puede anhelar tanto en la tierra como en el cielo.

Pues hoy, en el año 2020, Dios nos ofrece dones que debemos recibir con hospitalidad y apertura. El poeta Rainer María Rilke escribió: “Y ahora damos la bienvenida al Año Nuevo, repleto de cosas que nunca han sido”. Y así nos encontramos: frente a toda una gama de posibilidades que nos llegarán mejor si abrimos la puerta de nuestro corazón con ciertos valores que nos ayudan en esta bienvenida. ¿Cuáles son esos valores como propuesta para recibir mejor este año?

  1. – Cuando vamos a recibir visitas nos gusta tener todo limpio. La limpieza tanto a nivel exterior como interior agudiza nuestros sentidos, nos da salud, tranquilidad y bienestar. Si pensamos en nuestra propia casa, un hogar limpio refleja pureza, orden y virtud. Me gustaron mucho las siguientes frases que citó Sarah Ban Breathnach en su libro El Encanto de lo Cotidiano: “La limpieza bendice nuestras casas y las llena de amor, y hace que el cuidado del hogar se convierta en un camino que lleva al cuidado del alma. Una casa bien llevada es un microcosmos de cordura en un mundo completamente loco. Si una casa no tiene sentido, nada lo tendrá”. Si la limpieza exterior es importante, la interior es clave. Sacar nuestras impurezas con una confesión profunda es un gran regalo que podemos hacernos y que nos ofrece Dios con gran amor.
  2. – El ritmo en nuestra vida es muy importante. Todo tiene ritmo: nuestros latidos, respiraciones, relojes, rutinas, estaciones, trabajos, música, horas de comida o de sueño… Valorar nuestros ritmos, nuestros tiempos, todo aquello que es cotidiano, nos da serenidad ante las circunstancias adversas que vemos en el mundo. Ese ritmo es antídoto contra los miedos del mundo moderno porque nos brinda un entorno familiar sobre el cual apoyarnos. Para los monjes el ritmo en la oración es esencial y a nosotros, el tener momentos de oración durante el día, ya establecidos, nos ayuda a mantener la paz y la vida del alma que sólo Jesús puede conceder.
  3. REFLEXIÓN.- ¿Sobre qué reflexionar habiendo tantos temas, tantos problemas, tantos distractores, tantas opiniones? Si uno se diera a la tarea de conocer la biografía del santo o santos que se recuerdan cada día, enriqueceríamos profundamente nuestras vidas. Llevamos seis días en este año. En estos seis días hemos celebrado a María como Madre de Dios, a los santos Basilio y Gregorio Nacianceno, el Santísimo Nombre de Jesús, a las santas Ángela de Foligno y Elizabeth Ann Setton, a San Juan Neponuceno Newmann y la Epifanía. En seis sencillos días ya tenemos material más que suficiente para crecer en santidad, conocimiento de los misterios de la fe, de una vida cristiana en la cruz, en virtud y en sabiduría. ¿Y si hacemos esto cada día del año?
  4. ENCUENTROS DIRECTOS.- Nuestros días serían más felices si en lugar de dedicar nuestro tiempo a compartir whatsapps que tienen altas probabilidades de ser falsos, mejor invitáramos amistades a nuestra casa. Mejor aún si optáramos por un proyecto de obras de misericordia corporales o espirituales. Lo personal siempre dará más gozo que lo virtual. Los encuentros directos son bálsamo en un mundo que, en aparente conexión, vive más desconectado que nunca.
  5. PLAN DE VIDA.- ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Hacia dónde me lleva? ¿Qué me está estorbando para dar más amor a los demás? ¿Cómo está mi vida en cuestión de sonrisas, caridad, fe y esperanza? ¿Estoy cuidando de mi persona en todas sus áreas: física, intelectual, social, espiritual? ¿Qué santo elijo para acompañarme en este 2020 para responder a la invitación de Dios?

Demos la bienvenida a este año 2020 que nos ofrece Dios de manera gratuita y con un amor incondicional. Contemplemos al niño Jesús en el pesebre en esta Epifanía, con humildad y reverencia, imitando a los Magos de Oriente, que supieron dar sus mejores regalos, reconociendo que los más regalados fueron ellos. Recibamos este año con propósitos de limpieza, ritmo, reflexión, encuentros directos y plan de vida.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO