Hace unos días recordamos la fiesta de Santa Rosa de Lima, primera santa de nuestro continente americano. Ella nació en Lima, Perú, en el año de 1586. Sus padres eran españoles y la bautizaron con el nombre de Isabel. Sin embargo, la empezaron a llamar Rosa por su suavidad y color de piel.

Para describir cómo fue la vida de esta bella Rosa, me auxiliaré de algunos versos de un poeta místico alemán que nació siete años después de la muerte de Santa Rosa. Este personaje fue Johannes Scheffler, mejor conocido como Angelus Silesius. Fue casi contemporáneo de Santa Rosa de Lima, aunque la distancia territorial que los separó sí fue muy grande. Silesius nació en 1624 en Breslavia, que en ese entonces era parte del territorio alemán. Habiendo sido luterano se convirtió al catolicismo y fue ordenado sacerdote. Recibió la influencia de grandes autores místicos como Plotino, Maestro Eckhart, Juan Taulero y San Juan de la Cruz. Su obra fue muy importante para escritores y filósofos como Goethe, Heidegger y Jorge Luis Borges. Cada epigrama que mencionaré de Silesius está contenido en su obra: Peregrino Querubínico.

¿Quién fue Santa Rosa de Lima?

  1. “La rosa es sin porqué, florece porque florece, no cuida de sí misma, no pregunta si es mirada.”

Isabel Flores de Oliva, o Rosa, siempre fue parte del jardín de Dios. Ella se consagró desde niña a Jesús y fue llevando una vida de virtud que la hizo salir totalmente de sí misma. Su humildad y sencillez fueron tan grandes que el trabajo de su santidad lo dejó totalmente en manos de su jardinero. Nunca pretendió ser cuidada. Más bien ella cuidó a sus padres y a los necesitados. Tuvo su propia ermita en el jardín de la casa de su familia, y desde allí trabajó haciendo flores y bordados para conseguir recursos que le permitieran atender a sus papás. Hizo voto de castidad y fue terciaria dominica.

  1. “¿Qué es la beatitud? Una afluencia de todas las alegrías; una constante contemplación de Dios; un amor sin disgusto; una vida sin muerte; un dulce beso de Jesús; no estar un instante separado del Esposo.”

Para Rosa, el sufrimiento fue la causa de sus alegrías. Ella rezaba de la siguiente manera: “Señor, aumenta mis sufrimientos, y con ellos aumenta tu amor en mi corazón.” La pureza de Rosa la hacía entender perfectamente el sentido de la vida, del gozo y del dolor. Sabía disfrutar tocando el laúd o escribiendo poesía. Su amor sin disgusto lo reflejó en su trabajo por los pobres y enfermos. Tuvo un gran espíritu misionero derivado de la contemplación de Dios. Jamás se separó de su único Amor.

  1. “A la belleza, mucho la amo; pero apenas bella la nombro, si no la veo constantemente rodeada de espinas.”

Toda rosa tiene espinas y esas espinas son necesarias. Todo lo bueno cuesta, y todo eso que nos cuesta es medio de crecimiento y purificación. De no haber espinas, la rosa no llegaría a ser quien es. Santa Rosa de Lima tuvo muchas pruebas y angustias que la elevaron en santidad. En sus pocos años de vida sufrió muchas enfermedades. Sus mortificaciones las veía como una forma de compartir su vida con Jesús.

  1. “La sangre que rezuma de su laceración Nuestro Señor, es su rocío de amor con que nos empapa. Si quieres ser humedecido y florecer imperecedero, no debes apartarte jamás de su cruz.”

Aquí está el secreto de Santa Rosa: la Cruz de Jesús. Con ella pudo florecer y trascender.

  1. “Cuando el hombre se quita de la multiplicidad y se retira en Dios, llega la unidad.”

Rosa se entregó totalmente. Hizo a un lado los sueños de sus padres de un matrimonio prometedor, se ausentó de la vida en sociedad, y quitó toda ambición de su mente. Ella literalmente se retiró a su jardín donde encontró su verdadera felicidad en la unión con Dios.

Santa Rosa de Lima tenía 31 años cuando falleció. Sus últimas palabras fueron: “¡Jesús!, ¡Jesús!, estate conmigo.”

Martha Moreno
Voces en el Tiempo