Nos encontramos en la semana de oración por la unidad de los cristianos. Jesús nos pidió esa unidad y si lo hizo es porque se puede y debe lograr. Hoy el mundo se encuentra unido por el dolor de una enfermedad y cada persona puede reconocer el sufrimiento de seres humanos que viven muy lejos en su propia vulnerabilidad. El escritor Henri Nouwen aprendió a abrazar los miedos del mundo en sus propios temores y de esa manera experimentó el valor sanador de la unidad: “Hoy, Oh Señor, sentí un miedo inmenso. Parecía que todo mi ser hubiese sido invadido por el temor… Me siento impotente para superar este miedo. Quizás es tu forma de pedirme que experimente alguna clase de solidaridad con la gente temerosa de todo el mundo: aquellos que tienen hambre y frío en este duro invierno, aquellos que están amenazados por ataques inesperados de la guerrilla, y aquellos que están presos en cárceles, instituciones mentales y hospitales. Oh Señor, este mundo está lleno de miedo. Convierte mi miedo en oración por los que tienen miedo. Permite que esta oración eleve los corazones de los demás. Quizás entonces mi oscuridad pueda convertirse en luz para otros, y mi dolor interno en fuente de sanación para otros”.

Sentir la tristeza de la división entre cristianos que lleva dentro de sí el sufrimiento por la división en el interior de la persona, en los matrimonios, en las familias, comunidades y naciones, y llevar esa tristeza a una fuerte oración, nos puede llevar a ser parte de ese abrazo tan necesario como un verdadero anticipo de unidad. La unidad es un don de Dios y hay que pedirla.

Como ofrenda por la unidad presento dos poemas:

PADRE, PERDÓNANOS

Padre, por favor perdónanos,

no sabemos lo que hacemos,

en inquietud nos movemos

y en el miedo nos perdemos.

 

Es tiempo de un nuevo encuentro,

de salir del conformismo,

de superar el abismo

que nos aleja del centro.

 

Te suplicamos clemencia,

gritamos misericordia,

la unidad para tu gloria

y la paz en la conciencia.

 

Padre, perdón te pedimos

por tantas separaciones:

nos dañan las divisiones

que entorpecen el camino

 

hacia tu luz y tu estrella

de unidad, paz y consuelo;

suplicamos ese cielo

que en el amor nos congrega.

 

UNIDAD ANTE TODO

¿Seremos tan diferentes

y tan difíciles todos?

Quitemos todos los frentes

y abracemos los tesoros

 

de venir de un solo origen,

de caminar hacia arriba,

de sabernos de la Virgen,

de una creación que fascina.

 

Ya no hay tiempo para guerras

ni para historias de espías,

todos juntos en la espera

de esa paz que ya se ansía.

 

Vamos pronto en esta vía

de integración y alabanza,

convocados por María

para la más sublime danza

 

que deleite a nuestro Dios

y a Jesús le dé consuelo

en Espíritu de amor

para gozar de su cielo.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO