No sé si conozcan a San Benito José Labré. Se celebra el 16 de abril junto a Santa Bernardita de Lourdes. En ambos santos resaltan su humildad, pobreza y entrega completa a Dios.

Benito José buscó siempre llegar a Dios y lo hizo mediante un continuo peregrinar como mendigo. Él así lo decía: “Soy sólo un mendigo pobre e ignorante”. Nació en el sur de Francia y fue el mayor de quince hermanos. De jovencito lo enviaron a vivir con un tío que era sacerdote. Cuando muere su tío regresa un tiempo con su familia pero ya decidido a seguir una vocación religiosa. Por su juventud fue rechazado por diversas congregaciones. Ante la imposibilidad de ser monje elige una nueva forma de pertenecer a un monasterio en el mundo: inicia una vida de peregrinación por toda Europa visitando templos e iglesias. Se desprende de todo y vive como vagabundo en espíritu de sacrificio y penitencia. Fue maltratado por muchas personas al verlo tan descuidado y sucio. Llega hasta Roma donde pasaba las noches durmiendo en las ruinas del Coliseo. Cuando muere a los treinta y cinco años todos a su alrededor gritaron: “Ha muerto el santo”.

Para captar bien la ofrenda de vida de un santo como Benito José Labré escuchemos a un gran hombre de nuestro tiempo que también nos invita a reconocer nuestro camino como peregrinos hacia la Casa de Dios: “Soy un peregrino. Todos somos peregrinos. Mi vida ha sido una peregrinación y pronto llegaré al umbral de mis 80 años. Esto me motiva. ¿Qué voy a descubrir al cruzar este umbral? ¿Una vida nueva?… Los peregrinos se dirigen hacia un lugar santo y sus corazones quieren ser santificados. Una peregrinación está llena de imprevistos: encuentros por sorpresa con personas maravillosas, accidentes, pies adoloridos con ampollas, un clima horrible (con lluvia o con demasiado calor), etc. La única seguridad que tienen los peregrinos es saber adónde van: el lugar santo”.   Jean Vanier, fundador de El Arca. Carta de mayo 2008

Una persona como Benito José sería vista como enferma mental en nuestros tiempos consumistas. Más su decisión de ofrecer su vida en un camino de pobreza y penitencia fue plenamente consciente. Pidamos su ayuda para aprender a reconocer lo esencial en nuestras vidas. La felicidad verdadera está en el ser y no en el tener: en el caminar hacia Dios.

A SAN BENITO JOSÉ LABRÉ EN SU DÍA DE FIESTA

Camino de esperanza orando intensamente,

poner bajo tus alas Espíritu ferviente…

las más duras faenas, cansancio que se siente,

los miedos cuando espantan, palabras que me hieren.

Cantarte todo el día, la unión es inminente,

entrar en abandono en silencio elocuente.

Tomemos esa copa que acoge al mundo vivo,

pintemos todos juntos la causa del mendigo

que humilde da sus dones, su fuerza es el cariño;

se entrega con sonrisas sin cobrar sus servicios.

¡Dichoso el que se acerca! recibe su mirada,

encuentra en los Olivos belleza tan pausada.

Sus ojos son reflejo de Dios que se hace niño,

de Dios que es Trinitaria, de Dios que es peregrino.

Brindemos en la fiesta intercalando gozos.

¡Te quiero santo pobre!

Pido tu patrocinio.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO