DESCRIPCIÓN DE UN SUEÑO TOMANDO PRESTADA LA VISIÓN DE UN FRANCISCANO DE LA EDAD MEDIA: Cierro mis ojos y los abro nuevamente para una nueva visión del mundo. La enfermedad se ha diluido y se lavaron los corazones y las mentes de todos los hijos de María: incluso de los que no se sabían sus hijos o no querían sentirse sus hijos, pero que eran de ella en el plan y en el tiempo de Dios.

El Reino del Espíritu se da a conocer y aquellos que participan del espíritu de San Francisco inician su peregrinar por todas las calles, pueblos y paisajes del planeta. Las flores hablan de esperanza y los niños salen a jugar y a reir. Los valores esenciales retoman su lugar y se sepultan las ideologías, los falsos derechos y los enemigos del bien. El amor se ha purificado, la fe se ha levantado, la confianza surge como nueva aliada y los encuentros entre hermanos, entre amigos, entre extraños, entre antiguos enemigos, se alimentan de un nuevo sol.

Doy gracias a Dios que nos da vida y nos devuelve la salud. Doy gracias a la Trinidad que nos envuelve con una nueva oportunidad. Doy gracias a esa Preciosa Sangre que nos ha cubierto y lo seguirá haciendo como un gesto de dulzura en perfecta alianza. Doy gracias a la Reina del Universo, María de Guadalupe, que siempre intercedió por nosotros y desató todos los nudos para abrirnos a la renovación.

¡Bendito seas por siempre Señor! ¡Gracias por devolvernos a tu casa que habíamos olvidado! ¡Gracias por tantos aprendizajes!

REALIDAD POÉTICA:

Todavía hay tiempo

para elevar nuestra mirada al cielo,

para un camino de cruz en desapego,

para renovar la paz desde el centro.

 

Todavía hay tiempo

para hacer a un lado faltas y yerros,

para valorar cada instante y silencio,

para superar con amor todo duelo.

 

Todavía hay tiempo

para practicar virtudes y quitar miedos,

para ser artista y componer conciertos,

para abrazar la vida y tomar el vuelo.

 

Todavía hay tiempo

para ver en María a la mejor modelo,

para invitar a los santos a habitar nuestro suelo,

para ser adoradora del más puro misterio.

 

Todavía hay tiempo

para preparar la muerte como anticipo eterno,

para dar consejo a los que sufren por dentro,

para salir del egoísmo en noble ministerio.

 

Todavía hay tiempo

para ser compasivos y buenos maestros,

para encontrar en la familia lo noble y verdadero,

para rescatar al débil de su carga y su tedio.

 

Todavía hay tiempo

para descubrir en el prójimo sus dones y premios,

para vivir la vocación de servicio y consuelo,

para ser de Jesús en un fuego nuevo.

 

MARTHA MORENO

VOCES EN EL TIEMPO