Cuando vemos tantos desastres naturales a nuestro alrededor es natural que nos sintamos inquietos y temerosos. Entre temblores y huracanes entramos en un ambiente pesimista que nos muestra nuestra tierra en peligro, y a muchas personas vulnerables necesitadas de apoyo y de consuelo. Podemos elegir quedarnos en el susto, o aprovechar estos acontecimientos para meditar en lo que realmente vale, tratando de salirnos de la superficialidad de nuestras preocupaciones para dirigir nuestra mirada hacia arriba buscando a Dios. Toda ocasión de dolor en otras personas se convierte en una oportunidad de crecer en el servicio y en la generosidad.
Ante un clima nervioso que encuentra en las catástrofes sólo castigo y negativismo, me parece maravilloso encontrar en grandes santos un estado de paz y esperanza que los llevó a proclamar la misericordia y el Amor de Dios incluso en los momentos más sombríos. El hombre o mujer que vive unido a Dios siempre se sentirá en el paraíso, es decir, contemplará el cielo en la tierra aunque a su alrededor haya destrucción, guerra, enfermedad o calamidad. Los ojos del que se siente totalmente querido por Dios seguirán encontrando bien y belleza en el mundo a pesar de la maldad que angustia a todos los demás.
¿Quién es Santa Juliana de Norwich y de qué manera puede darle esperanza a nuestro tiempo?
Juliana, mística inglesa, vivió de 1342 a 1430 en una época de crisis en la Iglesia por un cisma. Inglaterra y Francia se encontraban en guerra. De haber estado a punto de morir por una enfermedad, Juliana se vio de repente curada después de que un sacerdote le mostró un crucifijo. Inmediatamente recibió dieciséis revelaciones que puso por escrito en un libro: Las Revelaciones del Amor Divino. Hasta quince años después Dios le explicó el significado de sus visiones: “Amor es lo que Él quería. ¿Quién te lo revela? El amor. ¿Por qué te lo revela? Por amor… Así aprenderás que nuestro Señor significa amor.”
Juliana optó por cambiar totalmente de vida y recluirse en una celda dentro de la ciudad de Norwich. No se sabe si su nombre siempre fue Juliana o lo adoptó por el nombre del santo al que estaba dedicada la iglesia cerca de la cual vivió muchos años. Se dedicó totalmente a la oración, a la meditación y al estudio. Muchas personas acudían a pedir su consejo y sentían inmediatamente el don que tenía Juliana para ayudarlos y acercarlos a Dios.
Las visiones de Juliana sólo hablan del amor incondicional de Dios hacia el hombre y están llenas de ternura, solicitud y dulzura. El tema del sufrimiento es abordado desde una perspectiva positiva: “Aprendí de la gracia de Dios que debía permanecer firmemente en la fe y, por tanto, debía creer perfectamente y con seguridad que todo iba a redundar en bien.” El papa Benedicto XVI en su audiencia general del día 1º de diciembre del año 2010 recordó el ejemplo de santidad de Juliana de Norwich, haciendo referencia a un viaje que acababa de realizar a Reino Unido.
Hay una frase de Santa Juliana que me gusta repetir mucho y que nos puede ayudar a mantenernos en una total confianza en Dios, sobre todo en momentos difíciles: “Todo irá bien, y todo irá bien, y toda clase de cosas irán bien”.
Termino con el consuelo de unos versos del Salmo 91:
“Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente, dile al Señor: -Mi Amparo, mi Refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza.-
Él te librará de los lazos del cazador y del azote de la desgracia, te cubrirá con sus plumas y hallarás bajo sus alas un refugio. No temerás los miedos de la noche, ni la flecha disparada de día, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a mediodía.
Aunque caigan mil hombres a tu lado, y diez mil, a tu derecha, tú estarás fuera de peligro: su lealtad será tu escudo y armadura…
La desgracia no te alcanzará ni la plaga se acercará a tu tienda: pues a los ángeles les ha ordenado que te escolten en todos tus caminos…”
Martha Moreno
Voces en el Tiempo
AMDG
Voces en el tiempo, son las voces que nos hablan hoy. Cada uno de tus artículos Martha, nos dan paz y esperanza, llevándonos de la mano a través de tus escritos por el camino que nos señala Dios.