“El tesoro escondido por el que debemos vender y sacrificar todo es el Sagrado Corazón de Jesús. Toda la verdad o virtud que alguien encuentre en mis palabras viene del Sagrado Corazón de Jesús. Todo lo que vean en mí de banal, superfluo o defectuoso, corresponde a mi trabajo como Padre Pichon”. Estas frases son un ejemplo del tipo de declaraciones con las que normalmente iniciaba sus retiros o clases el sacerdote jesuita Almire Pichon. Yo no había escuchado antes hablar de él y me sorprendí al descubrir el papel tan importante que desempeñó en la vida de Sta. Teresita de Lisieux, así como en toda su familia, la familia Martin Guerin.
Curiosamente, el Padre Pichon no nada más está ligado a la obra de santidad realizada por Dios en Teresita, sus hermanas y sus padres en Francia. Por un tiempo, este apóstol de la paz y de la alegría, vivió de misión en Canadá, y ahí también dejó semillas de virtud, cuyos frutos son visibles en nuestro mundo actual. Yo ya les he escrito sobre el filósofo y teólogo Jean Vanier, fundador de los hogares para discapacitados El Arca. Su abuela materna también tuvo el privilegio de ser dirigida espiritualmente por este humilde trabajador de Dios. No pueden conocerse totalmente los efectos de la oración, ofrecimientos y enseñanzas de este sacerdote, porque seguramente son muchísimos más de los que se saben, pero lo que sí se puede apreciar es el alcance de la devoción profunda que tuvo al Sagrado Corazón de Jesús y que vivió al máximo en la Eucaristía.
¿Qué instantes de la vida del Padre Pichon nos pueden ayudar a conocer mejor a este sencillo cura que puso su granito de arena y, sobre todo, un gran amor a Dios en el corazón tan pequeño y tan grande de Teresita del Niño Jesús?
1.- Almire Pichon descubrió el amor de Dios en su juventud, ya estando en el Noviciado de los Jesuitas. Él mismo declaró que durante su niñez y adolescencia, a pesar de haber sido educado por padres buenos y creyentes, estuvo molesto con Dios al no entender que alguien, supuestamente bueno, lo quisiera enviar continuamente al infierno. Su visión de Dios era de un ser que no sabía amar, y por eso se resistía a la petición que le hacían de amarlo. Descubrir al Verdadero Dios, como Padre y como un Dios de Amor, fue la mejor sorpresa de su vida que lo llevó a querer compartir ese gran tesoro.
2.- Su ordenación fue el día 8 de Septiembre de 1873. La primera confesión que escuchó le dejó una huella imborrable. Habiendo dado unas palabras de consuelo a una penitente, se asombró al escucharla llorar con mucho sentimiento. En ese momento le pidió perdón a la mujer por haberle causado tanto dolor. Ella, más bien, le dio las gracias por haberla ayudado a quitarse un gran peso. Sus lágrimas eran de alegría. Tocado fuertemente por la gracia decidió en ese instante hincarse delante del altar y consagrar su ministerio al Sagrado Corazón de Jesús, prometiéndole que, en todo tiempo y lugar, enseñaría la infinita bondad y misericordia de Dios.
3.- Otros acontecimientos que lo hicieron darse cuenta de su misión, y de la deuda que tendría por siempre con grandes almas, fueron los siguientes: En una ocasión se enfermó de gravedad y estuvo a punto de morir, por lo que recibió los últimos sacramentos. De repente, sanó de su mal. Una joven le confesó que ella había ofrecido su vida a Dios a cambio de la de él. Esto a él lo mortificó tremendamente y le exigió que retirara su ofrenda. La niña no aceptó y le dijo que las ofrendas a Dios no se retiran. Ella sabía que él, como sacerdote, realizaba obras muy buenas y necesarias para Dios y para los demás. La madre de la joven estuvo de acuerdo con el sacrificio. Al poco tiempo la jovencita falleció. El segundo instante fue durante el tiempo de persecución política y religiosa en Francia. Cuando tocó el turno de tener que cerrar la casa de los jesuitas, el Padre Pichon salió de su casa y llegó a pedir refugio en un hotel, cuyo dueño era uno de los feligreses de su parroquia. Lo seguía una multitud de personas, tanto católicos que lo querían proteger, como anti-católicos que lo querían aprehender. Al llegar al lugar, le abrió rápidamente la puerta el dueño, y lo primero que dijo fue: “Aleluya, a Dios gracias. Amén, lo acepto con alegría. Este es el día más feliz de mi vida”. Este señor ya sabía que su hotel se arruinaría si aceptaba ayudar a su sacerdote, pero estuvo dispuesto a aceptar cualquier consecuencia con tal de servir a Dios y cumplir su Voluntad. Las palabras “Aleluya, a Dios gracias” eran las que siempre decía el Padre Pichon en sus homilías.
4.- El Padre Pichon fue un verdadero amigo y director para toda la familia Martin y para muchísimas personas que recibieron sus consejos. Teresita dejó escrito que fue el Padre Pichon quien le expresó su admiracion por el trabajo de la gracia en su alma y por su camino en la paz. Al terminar de escuchar la confesión general de Teresita le dijo: “Delante de Dios, de la Virgen y de todos los santos, declaro que nunca has cometido un pecado mortal. Debes agradecer a Dios por ese favor que te ha concedido sin ningún mérito de tu parte”.
5.- Las virtudes favoritas del Padre Pichon eran el amor, la alegría y la paz. Una máxima que impulsó su vida fue: “Ama a tu prójimo tal como es”. Fue apóstol de la perfecta y alegre aceptación de la Voluntad de Dios. Centró su camino hacia el Padre en esa infancia espiritual que Teresita abrazó en confianza, alegría y paz. La mayor riqueza del Padre Pichon fue su amor y devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Así como he dado gracias a Dios por el regalo al mundo de la santidad de Santa Teresita, hoy también doy gracias a Dios por su director espiritual, el Padre Pichon, que ayudó a cultivar esa santidad en el tesoro escondido del Corazón de Jesús. Termino con unas palabras de este oculto y santo sacerdote: “Les ruego, queridos amigos, que animen a todos sus contactos a conocer al Verdadero Dios. Para poder hacerlo, estúdienlo en el libro que Él mismo abre para ustedes y cuya lectura es accesible para todos: el libro de su Divino Corazón”.
VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO
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