Nunca me ha gustado manejar. Uno de los mejores remedios que he encontrado para aprovechar cada desplazamiento ha sido el escuchar música clásica. Las melodías me ayudan a concentrarme y a moverme con tranquilidad. El tema que les voy a compartir surgió de uno de esos tiempos incómodos en mi automóvil cuando una estación de radio me presentó un cántico devocional titulado: “Cierra los ojos y duerme seguro” del compositor inglés Henry Purcell.
¿Cuántas personas pueden cerrar los ojos y dormir seguras? El descanso, ¿es privilegio de unos pocos? En nuestro ambiente actual donde reinan las prisas, las angustias, las presiones y el deseo de quedar bien, es muy normal que los seres humanos tengan problemas de sueño. Hay enfermedades o cuestiones de edad que provocan el insomnio pero, la realidad es que, incluso muchos niños y jóvenes están batallando para dormir porque hay mucho ruido a su alrededor, no se les ha enseñado a tener vida interior, no entienden el sentido de la vida, se sienten rechazados, o no han aprendido a tener disciplina en sus cuerpos, emociones o pensamientos.
Imagino tres escenas tiernas donde podemos observar el sueño profundo y reparador en la vida de los santos:
- San José dormido.- El Papa Francisco nos ha recomendado la devoción a San José mientras duerme. En sus sueños San José recibió la noticia de que no debía abandonar a la Virgen María porque el hijo que esperaba era el Hijo de Dios. La confianza de San José nos habla de su entrega absoluta al plan de Dios para la salvación de los hombres. San José dormía bien a pesar de lo pesada de su carga.
- San Juan Evangelista recargado en el corazón de Jesús.- Esta imagen nos invita a colocar nuestras penas y dificultades en el Corazón más grande que sólo quiere amarnos, tomar nuestros dolores e invitarnos a una vida plena.
- Santa Teresita de Lisieux se preocupaba mucho cuando se quedaba dormida ante el Santísimo. Ella recibió la inspiración de dejar esa mortificación en manos de Dios porque para un padre es algo hermoso el saber que su hija se siente protegida por él.
Hay quienes no pueden dormir porque el miedo las consume. Se puede tener miedo ante el desamor, la traición, la soledad, la inseguridad, la violencia del medio, los sueños frustrados o lo desconocido. Cuando alguien no conoce su valor como persona muy amada por Dios es muy fácil que pierda la paz y entre en un estado de angustia. El sacerdote y psicólogo Henri Nouwen nos da una propuesta para esos instantes de miedo paralizador. Él tuvo miedo y llevó ese miedo a su oración: “Hoy, Señor, he sentido un miedo intenso. Todo mi ser parecía invadido por el miedo. No había paz ni descanso; solamente miedo: miedo a una crisis nerviosa, miedo a llevar una vida equivocada, miedo al rechazo y a la condenación, y miedo a Ti. Señor, ¿por qué me resulta tan difícil vencer mi miedo?… Quizá es tu manera de pedirme que experimente algo de solidaridad con las personas que en todo el mundo sienten miedo… Señor, este mundo está lleno de miedo. Convierte mi miedo en oración por lo que sienten miedo. Haz que esta oración conforte a otros corazones. Quizá, entonces, mi oscuridad se convertirá en luz para otros, y mi sufrimiento interior será fuente de curación para otros”. (Oraciones desde la abadía)
A Santa Gertrudis de Helfta, también llamada Gertrudis la Grande, le fue revelada una oración para conciliar el sueño y descansar en el Señor. En su Mensaje de la Misericordia Divina (o Heraldo del Amor Divino) nos platica de ese momento de encuentro con Dios en el que aprendió a dirigirse al Amado de su alma en sus momentos de imposibilidad para dormir. Esta fue su petición: “Por la calma infinita de la alabanza con la que has reposado, desde toda la eternidad, en el seno de Dios Padre, y por la amenísima estancia en que estuviste durante nueve meses en el seno de la Virgen, tu Madre, y por la alegría deliciosa con la que jamás te has dignado gozar en toda alma que te ama, te ruego, Dios misericordioso, te dignes concederme, no para mi propia necesidad, sino para tu alabanza eterna, un poco de reposo que ayude a los miembros fatigados de mi cuerpo a volver a su actividad”. Dios le respondió: “Ven, amada mía, reposa sobre mi Corazón y prueba si mi vigilante amor te deja descansar”… Y luego continuó: “Siempre y cuando alguno, cansado de velar y falto de fuerza, me suplica con la triple oración que te he enseñado a recitar para que le conceda descanso en alabanza mía y para reparar sus fuerzas, le atenderé pero no las escucharé si no se arman de paciencia y soportan humildemente su debilidad…”
Las anteriores recomendaciones de visualizar a los santos que descansaban en el Señor, ofrecer nuestros miedos orando por las personas que tienen miedo en nuestro mundo y orar de la manera en que Dios le enseñó a Santa Gertrudis, nos pueden introducir en ese sueño y en esa paz que sólo da Jesús a los que humildemente se lo piden. Para terminar les comparto unas palabras del hermano Rafael (San Rafael Arnáiz), monje trapense, quien era feliz en sus horas en vela: “Las dos de la madrugada… Sombras y frailes, susurro de rezos… Cantos de maitines. Campanas. Silencio. Amores divinos volando en los claustros. A veces dolor, flor de sacrificios. En música callada, en soledad callada, como diría San Juan de la Cruz.
Dos de la mañana. Paz en las almas que pasan la tierra y aspiran al cielo… Horas de calma, en que la plegaria brota como incienso y llega al Eterno sin ruidos ni gritos… aromatizada con la penitencia, aromatizada con nuestro silencio. Ni cantan los pájaros, ni brillan las flores, todo son tinieblas… Y en este ambiente, jardín de la tierra y aromas de cielo, canta un corazón, que aún no está despierto, aquello que dice: -Alabad a Dios, criaturas todas… alabad a Dios pueblos todos de la tierra…, porque su misericordia se ha confirmado sobre nosotros, y su verdad permanece eternamente”.
¿No es esa la mejor idea: convertir nuestras horas en vela en oraciones del corazón?
VOCES EN EL TIEMPO. MARTHA MORENO
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