Hace ya veinte años, viviendo yo en otra ciudad, tuve la oportunidad de conocer a una amiga que iba llegando de Guatemala. Junto con su familia salió de su país porque sufrían mucha inseguridad y no pudieron soportar el hecho de que personas como ellas, de nivel medio, tuvieran que tener un guardaespaldas para quitarse las angustias del día a día. La figura del guarura o vigilante les generó miedo y en la actualidad sigue produciendo temor. ¿Quién tiene guardaespaldas? Normalmente el que tiene muchas posesiones, el poderoso, el criminal, el político, el famoso… Sin embargo, también los que no entran en esas categorías buscan siempre proteger sus cosas, casas, trabajos, sus cuerpos de enfermedades, a sus hijos del peligro, aunque pocas veces se acuerdan de cuidar sus mentes, sus corazones y sus almas. ¿Por qué ahora de manera tan fácil hemos abierto las puertas de nuestro ser a todo lo que llega como novedoso, a lo que se presenta por internet, a las series, modas, a todo lo que implique popularidad, a las ideologías y a todo lo que promueve la división de la persona y de las familias? ¿Por qué para eso no hemos contratado vigilantes o cuidadores de lo esencial?

La figura del “centinela” es ampliamente mencionada tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento. Un centinela es un guardia que permanece en vela para advertir si viene algún peligro o enemigo. ¿En qué aspectos de nuestra persona pudiera un centinela ayudarnos y protegernos?

MENTE.- Nuestra mente está constantemente atacada. Un centinela nos podría ayudar a analizar la información que estamos recibiendo haciéndonos las siguientes preguntas: ¿Esto es verdad o es un engaño? ¿Son fake news? ¿Es manipulación? ¿Te sirve saber eso? ¿Te hace mejor? ¿Te hace más libre o te convierte en esclavo de ideologías?

CORAZÓN.-Un centinela nos podría dar claridad en muchas de las siguientes cuestiones: ¿Esta persona con la que estás conviviendo te lleva al bien? ¿Estás dando tu corazón con atención, caridad, e invitación a la esperanza? ¿Estás profundizando en los encuentros que estás teniendo con otras personas? ¿Has formado tu parte afectiva o vives una sensibilidad excesiva que te hace daño? ¿Cómo está el tema de la amistad en tu vida? ¿El perdón es parte de tu ser o estás guardando resentimientos y haciendo que tu corazón esté amargado? ¿Tienes un corazón de carne o de piedra?

ALMA.- Un centinela nos podría acompañar a discernir asuntos del alma: ¿Tus pensamientos y acciones están contribuyendo a tu felicidad y a la de los que están contigo? ¿Eres humilde o soberbio? ¿Eres presa de los ídolos de este tiempo? ¿Estás siguiendo la misión que Dios te ha encomendado? ¿Estás dando gloria a Dios con tu ser y con tu actuar? ¿Cómo vives la oración en tu vida? ¿Tienes fe? ¿Valoras y recibes los sacramentos? ¿Buscas la trascendencia? ¿Has aprendido a darte con generosidad a los demás o sólo buscas tu propia satisfacción?

Nosotros podemos ser nuestros propios vigilantes o centinelas si aprendemos a estar siempre atentos de lo que ocurre en nuestro entorno, para evitar así todo aquello que pudiera dañar nuestro ser. Esa atención nos invitaría a aprovechar las oportunidades de bien a nuestro alcance pero que no siempre apreciamos.

Hay iniciativas que me han parecido muy buenas en relación a cuidar los tesoros que tenemos, actuando como centinelas, que vale la pena compartir. Ejemplos son: entre amigos apoyarnos en nuestros matrimonios, sobre todo cuando se ven indicios de problemas; entre grupos de padres ponernos de acuerdo para estar enterados de las salidas de los hijos e incluso promover mejores planes; nosotros mismos limitar nuestros tiempos de exposición a los medios, cuestionar la información que nos llega, contar con un director espiritual, buscar crecer en virtud con nuestras amistades y comunidad siempre en actitud vigilante, etc.

En su libro Historia de un Alma, Santa Teresita de Lisieux hizo hincapié en los distintos tipos de centinelas que tenía: San José la resguardada de todo peligro, los ángeles custodios cuidaban su mente y su alma eligiendo sus lecturas, y sus hermanitos en el cielo la vigilaban y la hacían sentir muy querida.

Inicié el artículo platicando de una amistad que conocí hace veinte años, que me hizo reflexionar en esa idea de tener cuidadores o vigilantes. Pues hace también 20 años, en el año 2000, el Papa Juan Pablo II invitaba a los jóvenes a convertirse en “centinelas del mañana” para defender su fe, la paz y los valores de la persona. En la XV Jornada Mundial de la Juventud, en un discurso les dijo: “Queridos amigos: En ustedes veo a los centinelas del mañana en este amanecer del tercer milenio… Hoy están reunidos aquí para afirmar que en el nuevo siglo no se prestarán a ser instrumentos de violencia y destrucción; defenderán la paz, incluso a costa de su propia vida si fuera necesario. No se conformarán con un mundo en el que otros seres humanos mueran de hambre, sean analfabetos, estén sin trabajo. Defenderán la vida en cada momento de su desarrollo terreno; se esforzarán con todas sus energías en hacer que esta tierra sea cada vez más habitable para todos”. Me parece que San Juan Pablo II pudo ver lo que venía y por eso invitó a los jóvenes a defenderse y a defender a la humanidad del relativismo y del egoísmo, apoyándose en Cristo, el secreto de la verdadera libertad y de la alegría profunda del corazón. Su invitación nos sigue llegando: seamos esos centinelas del hoy y del mañana. Es de gran valor lo que tenemos que proteger.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO