Para el escritor Ernst Jünger, el ir a pasar tiempo en el bosque está relacionado con la libertad. A los bosques los consideró santuarios. Emboscarse implica un acto de resistencia ante todo lo que nos vuelve esclavos en el mundo. Ejemplos de esas esclavitudes son las prisas, la propaganda, el hedonismo, el automatismo y el egoísmo. El emboscado es capaz de ofrecer esperanza en medio de las catástrofes y puede entrar en el mundo de la contemplación.

Yo doy gracias a Dios porque puedo pasar momentos muy especiales en el bosque que me brindan paz y libertad. Los árboles se han convertido en mis amigos y a muchos de ellos les he puesto nombre. En particular, hoy les quiero platicar de dos árboles que en este tiempo pascual me hablan de Resurrección.

El primero de ellos es un madroño al que llamé “Francisco” en honor a San Francisco de Asís. No era un árbol lindo. Más bien era un pobre árbol que me daba ternura por su extrema sencillez y poco follaje. Lo maravilloso es que lo acabo de volver a ver y siento la resurrección en él. Ahora es un madroño frondoso con hojas nuevas y brillantes. ¡Qué maravillosa es la naturaleza y sus ciclos! La relación entre San Francisco y la naturaleza es muy conocida. El Cántico a las Criaturas de San francisco de Asís es inspirador: “Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con vistosas flores y hierbas”.

El otro árbol es un pino pequeño de nombre “Roger”. Roger Schutz fue el fundador de la comunidad ecuménica Taizé, promotora de paz y unidad en el mundo. Es un árbol que me invita seguido a darle de beber y eso trae a mi mente las palabras que pronunció San Juan Pablo II cuando visitó ese lugar en el año 1986: “Se pasa por Taizé como junto a una fuente. El viajero se detiene, se refresca y continúa su camino. Los hermanos de la comunidad no buscan retener a nadie. Su deseo es que puedan, en la oración y el silencio, beber del agua viva prometida por Cristo, conocer su alegría, discernir su presencia, responder a su llamada y, de regreso a casa, dar testimonio de su amor, servir a los hermanos en sus parroquias, escuelas, universidades y lugares de trabajo… Cristo libera, en cada cristiano las fuerzas del amor y le da un corazón universal de artesano de justicia y de paz, capaz de unir a la contemplación una lucha evangélica por la liberación integral del hombre, de todo hombre y de todo el hombre”.

El hermano Roger hablaba mucho de la Resurrección y la relacionaba con el asombro ante el amor. Me encantan las palabras que dirigía a los jóvenes para invitarlos a ese camino de Resurrección: “Tú que aspiras a seguir a Cristo, el Resucitado, ¿a través de qué signo reconocerás que lo has encontrado? Cuando las luchas que libras en ti mismo para seguirle, cuando las pruebas y hasta el río de lágrimas interiores que quizá corren dentro de ti, cuando todos esos combates, en vez de endurecerte, se transfiguren convirtiéndose en un manantial: Semejante transfiguración es, ya en la tierra, el comienzo de la resurrección. Tú que aspiras a seguir al Señor, no temas entrar en una pascua con Cristo”.

Relacionando ese estar en el bosque como acto de libertad que nos abre a la contemplación, con el misterio de la Resurrección que es vida de Cristo que quiere unirnos a su amor, les comparto un poema de Resurrección que nos invita a encontrar a Jesús vivo mediante nuestros sentidos externos e internos:

 

RESURRECCIÓN DEL ASOMBRO

Resurrección, transformación y alabanza,

metamorfosis oculta en el planeta,

guía divina en invasión de esperanza,

un despertar a la luz en el profeta.

 

Contacto sensible aspirando intuiciones,

lo externo me pide ser fiel a su huella;

si pienso en las formas de armar oraciones,

mis cinco sentidos se ofrecen en tregua.

 

Jesús está vivo, percibo su andanza:

mi vista lo atrapa al mirar a María,

mi oído lo escucha al gozar las campanas,

mi olfato lo añora en romero de día.

 

Textura más suave en el rostro sufriente:

ahí está el Señor que consuela al herido;

sabor preferido es la sangre valiente

de Cristo en derrame por los que se han ido.

 

Sentidos internos son clave al proyecto

de encuentros con Dios que nos salva en cariño;

memorias de unión me derriten por dentro,

imaginación de martirio en camino.

 

Sublime intelecto prepara el momento

de dar al Amor mis motivos y pausas;

sentido común cuando observo los vientos

que me hablan del Todo impulsando su causa.

 

Jesús está vivo, cantemos de gozo,

abramos las puertas a nuestros vecinos;

ofrenda bendita, fervor generoso

de una humanidad entregada en racimo.

 

VOCES EN EL TIEMPO.

MARTHA MORENO.

AMDG