¿Por qué es importante el silencio como fuente de sonrisas en un mundo donde los ruidos externos e internos nos acompañan continuamente y muchas veces nos dañan?

Buscando encontrar voces en el tiempo que me introdujeran en la atmósfera gentil del silencio, recordé un poema de Amado Nervo, de título Amable y Silencioso, que se aprendió uno de mis hijos en primaria:

“Amable y silencioso ve por la vida, hijo.

Amable y silencioso como rayo de luna…

En tu faz, como flores inmateriales, deben

florecer las sonrisas.

 

Haz caridad a todos de esas sonrisas, hijo.

Un rostro siempre adusto es un día nublado,

es un paisaje lleno de hosquedad, es un libro

en idioma extranjero.

 

Amable y silencioso ve por la vida, hijo.

Escucha cuanto quieran decirte, y tu sonrisa

sea elogio, respuesta, objeción, comentario,

advertencia y misterio.”

Nunca había pensado en el silencio ligado a la sonrisa. Las personas siempre quieren hablar y expresarse aunque no sepan comunicarse realmente. Las palabras están por todas partes pero han perdido gran parte de su poder porque ya no convencen ni atraen tan fácilmente. Se recibe muchísima publicidad por todos los medios y eso provoca la sensación de un bombardeo continuo de ruido que nos mantiene distraídos. Las sonrisas son cada vez más escasas porque nuestro interior está congestionado de pensamientos negativos, prisas, superficialidades y temores. Falta el sosiego que otorga el silencio. Ya nadie quiere conceder sonrisas para no perder tiempo ni arriesgarse a no ser correspondido.

El poema de Amado Nervo, como lección de vida a un hijo, nos devuelve la esperanza en el misterio que rodea al silencio. Son profundas las razones para un silencio que nos invita, entre muchas otras cosas, a ser amables y sonreir:

  1. El silencio, como compañero de vida, nos abre las puertas del auto-conocimiento y se vuelve un gran aliado que nos despierta a lo esencial. “Conócete a ti mismo” es una máxima que sólo se da en el silencio y nos permite entrar en nuestro ser, en la humanidad y en Dios. Cuando no existe silencio en nuestra vida perdemos la oportunidad de pensar por nosotros mismos y nos volvemos presa fácil de la manipulación.
  2. Los tiempos de silencio producen paz y sólo en esa paz pueden surgir las sonrisas que dan felicidad. El silencio es maestro de amabilidad.
  3. El silencio puede decir mucho más que las palabras. Las palabras que surgen después de tiempos de silencio suelen ser mucho más poderosas, sabias y generosas. El silencio es el preámbulo para hablar con sabiduría desde el Espíritu.
  4. Me gustó mucho la descripción del silencio como puerta del decoro y como jardín escondido. Muchas virtudes necesitan el respaldo del silencio para poder prosperar.
  5. Los Padres del Desierto decían que el silencio era el camino más seguro hacia Dios. Sólo en el silencio se puede escuchar a Dios.
  6. Si sabemos hacer del silencio una disciplina en nuestra vida, tarde o temprano veremos frutos de prudencia, estabilidad y asertividad.
  7. El silencio puede convertirse en un gran recurso interior. Nos puede ayudar a ser simples observadores sin juzgar, a contemplar dando paso al asombro, a mirar con bondad, a entrar en verdadera comunión, a aprender a escuchar no sólo lo que otros dicen sino lo que no dicen. Como grandes maestros del silencio tenemos a la Virgen María en su guarda del corazón y a San José.
  8. Nuestro ambiente actual requiere personas que aprecien el silencio como Jesús en el desierto, los monjes en sus monasterios, los eremitas en los bosques, los sabios en las bibliotecas, los santos en las casas de los pobres, los científicos en sus laboratorios, los jóvenes en sus habitaciones o los ancianos en sus jardines.

Como parte de una seria invitación al silencio, termino con unas frases del sacerdote y escritor José Luis Martín Descalzo:

“Todas las cosas verdaderamente importantes ocurren en silencio. Se crece en silencio, se sueña en silencio, se ama en silencio, se piensa en silencio, se vive en silencio, hasta la misma muerte se acerca a los hombres con pies de terciopelo… El verdadero silencio sólo se vuelve fecundo cuando permite un ahondamiento de la conciencia, un encuentro con lo más intenso de nosotros mismos”.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO