Mientras leía un librito del poeta Rainer María Rilke llamado La Vida de María, sentí una gran admiración por la profundidad de los encuentros que tuvo la Virgen en cada uno de los misterios de su vida: en su nacimiento, los ángeles cantando tenían ganas de llorar; en la anunciación, al describir las miradas que intercambiaron la Virgen y el Arcángel San Gabriel, se percibe la invitación a un verdadero asombro; cuando el Ángel del Señor anunció a los pastores que había nacido el Hijo de Dios, se abrió para la humanidad un nuevo camino de pureza y esperanza: “En una virgen se siente a Dios…”
Han pasado los siglos y la presencia de María sigue siendo fuente de consolación en grado sumo. Ella completó su labor a la perfección pero, como todo amor sigue generando más amor, siguió y sigue actuando en la historia, buscando a todos sus hijos para acercarlos a Jesús. En todas sus advocaciones continúa identificándose con todos los seres humanos para brindar su ayuda y protección. Los santos han elegido llamarla de diferentes maneras de acuerdo a sus propias misiones: para San Juan Bosco era Auxiliadora, el beato Carlos de Foucauld la distinguía como Señora del Perpetuo Socorro, San Maximiliano Kolbe la invocaba como La Inmaculada, y para San Rafael Arnáiz era su Señora de la Trapa. María ha querido hacerse parte de las diferentes naciones con sus apariciones en las que regala su mensaje: Guadalupe, La Salette, Lourdes, Fátima, Medjugorje…
Como hijos de María nos gusta conmemorarla y hacerla parte de nuestro diario vivir. Hay fiestas especiales que son recordadas en toda la Iglesia, pero también en muchos lugares de la Tierra se le festeja de diferentes maneras, llenando de alegría a sus devotos. Hay una página católica que presenta un calendario precioso de festividades de la Virgen Santísima para cada día del año.
Me gustó mucho descubrir cómo se celebra a la Virgen María en los cumpleaños de mis hijos. Encontré tres advocaciones bellísimas de las que quiero seguir aprendiendo. Las tres están relacionadas con traslados milagrosos y un profundo deseo de María de permanecer en un lugar y en los corazones de sus amados hijos:
- Nuestra Señora del Buen Consejo.- En una pequeña colina de Genazzano, Italia, se construyó un pequeño templo a cargo de los frailes de la orden de San Agustín y se dedicó a Nuestra Señora del Buen Consejo. Por el paso del tiempo la iglesia estuvo a punto de colapsar. Fue gracias a la oración e iniciativa de una viuda llamada Petruccia que se decidió emprender trabajos de reconstrucción, pero después todo el pueblo empezó a cuestionar lo que se estaba haciendo. Petruccia en su oración pedía constantemente la ayuda de la Virgen. En el año de 1467, durante las fiestas del pueblo, apareció una nube que traía una pintura que llegó hasta el templo. Era la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo que tomaba refugio en Genazzano después de haber salido de Scutari, Albania (ciudad tomada por los turcos). Dos albaneses habían pedido consejo a María para conservar su fe y habían visto cómo la pintura se había desprendido de su origen en Albania para conducirlos a su nuevo destino.
- Nuestra Señora de Loreto.- En diciembre de 1294 unos pastores vieron una casa volando sobre el mar sostenida por ángeles. Era la santa casa de la familia de Nazaret que llegó a Loreto, Italia. San Francisco de Asís había profetizado que la ciudad de Loreto sería engrandecida con un gran misterio, y muchos santos como San Francisco de Asís, Santa Teresita de Lisieux y San Maximiliano Kolbe, encontraron en ese lugar de peregrinación un excelente refugio.
- Salus Populi Romani.- Es el icono de María que se encuentra en Santa María La Mayor en Roma y que se dice fue pintado por San Lucas. Permaneció en Jerusalén hasta que, en el siglo IV, fue trasladado primero a Constantinopla y después a Roma por Santa Elena. Después de una procesión, que encabezó el Papa Gregorio Magno por toda Roma con la pintura de Nuestra Señora, se terminó una terrible peste que afectó toda la región. Muchos papas han honrado a María como Salus Populi Romani e implorado su ayuda. En 1954 fue coronada por el Papa Pío XII como Reina del Mundo. El Papa Francisco le tiene un especial cariño.
A María, Madre de Dios y Madre Nuestra, siempre le encomendaré a mis hijos. Ya sea mediante su consejo, las virtudes de su hogar o su constante protección en las angustias de la vida, la Virgen estará presente en los que más amo y que le han sido consagrados. Ella, con diferentes rostros y atributos, pero llena de toda la gracia, será siempre la reina de mi familia, de todos los pueblos y del universo para gloria de Dios.
VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO
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