Meditando sobre la importancia de conservar la paz en tiempos de crisis y la alegría cuando todo lo que ocurre a nuestro alrededor invita al miedo, recordé tres cuestionamientos que leí hace tiempo que son muy útiles para despertar tanto a nivel humano como espiritual.
Las preguntas son las siguientes:
1.- ¿Rezas todos los días?
2.- ¿Participas en la vida de los más necesitados, ya sea sirviéndolos, como amigo, o aprendiendo de ellos?
3.- ¿Tienes amistades especiales que te ayuden a sanar tus heridas y a vencer tus resentimientos?
Al cultivar estas tres áreas de oración, servicio y amistad, nos abrimos a las virtudes que recibimos de Dios de forma gratuita: la fe, la esperanza y la caridad. Estos tres pilares son esenciales para tener un profundo sentido de vida en donde la gratitud y la felicidad se puedan reflejar en nuestras actitudes hacia Dios y hacia los demás.
En relación a la oración, podemos aprender muchísimo si partimos del estudio del Catecismo de la Iglesia Católica en su cuarta parte. Una definición hermosa de oración es la que dejó escrita Santa Teresita del Niño Jesús: “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto en medio de la prueba como en la alegría”. La voz del escritor Ernst Jünger, en su libro Radiaciones II, nos invita a reconocer la fuerza de la oración en las personas que la abrazan y nos propone esta vía para vencer las ideologías de nuestro tiempo:
“¿Qué puede recomendarse al hombre, y sobre todo, al hombre sencillo, para sustraerlo de esa uniformación, a la que también coopera sin cesar la técnica? Sólo la oración… En situaciones frente a las que los más inteligentes fallan y los más valerosos piensan en buscar una escapatoria, a veces se ve a uno aconsejar con calma lo justo, hacer el bien. Podemos estar seguros de que es un hombre que reza”.
“La oración atenúa y consume el miedo. La oración purifica la atmósfera”.
Sobre la segunda pregunta que nos lleva a buscar relacionarnos con los más pobres o débiles del mundo, encontramos en la vida y en las palabras de la Santa Madre Teresa de Calcuta un bellísimo ejemplo. No se trata de ayudar a un necesitado permaneciendo en nuestro estado de confort o superioridad. El servicio debe provocar un encuentro en el que podamos comprender que un pobre puede ser nuestro maestro de virtud, de abandono en Dios y de aceptación del sufrimiento. Esto nos dice la Madre Teresa: “Los pobres son el don de Dios; son nuestro amor… Nuestras obras de caridad no son sino la expresión del despliegue del Amor de Dios en nosotros. Por eso, quien está unido a Él, ama más a su prójimo… Quizás una sola sonrisa, una pequeña visita, simplemente el hecho de encender un fuego, escribir una carta a un ciego, traer unos cubos de carbón, encontrar un par de zapatos, leer para alguien, sea poco, sí muy poco, pero eso será nuestro amor de Dios en acción”.
¿Y por qué la amistad? ¿Cómo nos ayuda un amigo en nuestro camino de crecimiento como personas? La amistad saca lo mejor de nosotros mismos y nos conduce a dar nuestros dones de manera libre. Con los verdaderos amigos entramos en una escuela de aceptación, gozo, entrega y perdón. Las amistades que surgen en ambientes donde se reza y donde se vive la generosidad se convierten en tesoros de consuelo y esperanza. Un modelo de vida en el que la amistad jugó un papel muy importante fue el de San Francisco de Sales, el santo de la amabilidad. A sus amigos les escribía, los dirigía espiritualmente y los llevaba de la mano para encontrarse con Cristo. El tema de la amistad lo tocó en varios de sus libros: “En el mundo es necesario que quienes se dedican a la práctica de la virtud se unan con una santa amistad, para exhortarse mutuamente y mantenerse en estos santos ejercicios… Para los cristianos que viven en el mundo es necesario que se ayuden unos a otros con santas amistades; mediante ellas se ayudan, se sostienen, se acompañan mutuamente hacia el bien… Nadie podrá negar que Nuestro Señor haya amado con una amistad del todo dulce y del todo especial a San Juan, a Lázaro, a Marta y a Magdalena, porque la Escritura da testimonio de ello”.
¿Rezas todos los días? ¿Estás involucrado en la vida de los más necesitados? ¿Tienes amistades que te hagan crecer en virtud y te ayuden a conservar la alegría en medio de un mundo desesperanzado? Estas tres preguntas pueden ser el complemento ideal de nuestro examen de conciencia de cada día. Entremos en el mundo de la oración, de la caridad y de la amistad. Busquemos en todo momento crecer en el amor a Dios y a nuestros hermanos.
VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO
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