En el día de las madres quiero dar a conocer la vida de un compositor francés y el efecto que tuvieron sobre su vida los poemas que escribió su madre cuando estaba embarazada. Los poemas de Cecile Sauvage sobre la maternidad y sobre la pureza de la vida doméstica y de la naturaleza, nos invitan a apreciar el gran valor de una madre que siente la fuerza de la unidad con su hijo desde que está en su vientre. Esos nueve meses en los que una madre lleva a su hijo en su cuerpo y en su corazón, integran el mayor encuentro que puede darse entre dos seres, al grado que se vuelven uno solo. La madre conoce al hijo antes de nacer. Y el hijo, descubre a la madre, en toda su potencialidad y entrega.
Cecile Sauvage fue una poeta francesa (1883 – 1927). Su hijo fue el compositor Olivier Messiaen (1908 – 1992), organista del templo de la Santísima Trinidad en Paris. Estas palabras del Papa Pablo VI me llegan al corazón: “Cada mamá es como Moisés. Ella no entra en la tierra prometida. Ella prepara un mundo que no podrá ver”. Cecile, en su mundo artístico y espiritual, preparó el camino para el desarrollo musical y religioso de su hijo: un universo que trascendió fronteras materiales y heredó una nueva forma de entender el ritmo y la armonía, en una búsqueda continua de dar siempre gloria a Dios.
¿Quién fue Olivier Messiaen? ¿Lo conoces? En la música clásica es un “gran compositor”, pero no es tan conocido. Quizás en Francia sí lo es. Fue un revolucionario. Sus padres le dieron una educación que le influyó toda su vida y que él mismo evocará como una educación mágica. Su madre publicó en esa época un conjunto de poemas, El alma brotando, que dedicó a su hijo aún no nacido. Messiaen, más adelante, dijo que esos poemas le influyeron profundamente, y sintió que fueron proféticos para su futura carrera artística.
Yo tengo pocos años de conocer la música de Messiaen, un ferviente católico, que siempre buscó que toda su obra fuera una alabanza de Dios. Me costó trabajo apreciar su música por ser tan diferente y novedosa. En el año 1940, Olivier fue hecho prisionero de guerra y mientras estaba encarcelado compuso su Cuarteto para el fin de los tiempos. Al salir de prisión en 1941, Messiaen fue nombrado profesor de Armonía, y luego profesor de Composición en 1966 en el Conservatorio de París, puesto que mantuvo hasta su retiro en 1978. En lo que he estudiado sobre Messiaen, me ha llamado la atención cómo él quiso describir a Dios en su música. Se dio cuenta de que no podía representar a Dios por no tener principio ni tener final. Y entonces se le ocurrió destruir las bases mismas del tiempo musical, creando una nueva forma de continuidad cercana al círculo que vuelve sobre sí mismo y nunca termina. Él se propuso crear ritmos palíndromos, que nunca terminan, como nunca termina Dios. Messiaen sintió que la música debía ser un acto de fe y una muestra de la infinitud de Dios.
La madre de Olivier escribió: “Nadie sabrá como un hijo nacido de mí, me habrá dado el sentido de la tierra y de los bosques; cómo ese fruto de carne que se hincha en mi savia pone en mí el resplandor de un alba que se eleva con todas sus emociones de rocío y de pájaro… Llevo en mi seno un mundo en movimiento del que mi fuerza ha incubado los nuevos píos, que sentirá el mar latir en sus arterias… Oh hijo mío, mantendré tu cabeza en mi mano. He moldeado este pequeño mundo humano”. Y en todo lo que escribió su madre se reconoció Messiaen años más adelante. Su amor por la música, por los pájaros, por el Oriente, por la naturaleza: todo estaba presentado por su madre en esos poemas donde ella se identificaba con su hijo y lo sentía “uno” plenamente con ella.
Termino con un pequeño poema que integra elementos de la vida de Olivier Messiaen. Quiero que sea un homenaje a la mamá que le dio vida y un futuro de entrega a Dios:
De rodillas con Messiaen
Ejercicio de paciencia
que reconoce el canto de los pájaros,
abraza el apocalipsis en prisión
y entra en los misterios de Dios buscando perfecta simetría.
Sinestesia como don que trasciende
en una liturgia de cristal que participa en el cuarteto del fin de los tiempos.
Una paloma mensajera
que transporta la verdad de la fe católica
como motor de vida melódica
en una música que anhela describir a Dios.
Ritmos palíndromos
que expanden la Palabra
y viajan en un cosmos teológico.
Siempre Jesús en cada uno de sus misterios:
Natividad, Transfiguración, Crucifixión, Resurrección, Ascensión, y más allá.
Un éxtasis en San Francisco de Asís dentro de las visiones de un Amén.
Su órgano en la Santísima Trinidad: don supremo de ofrecimiento
para dar gloria a Dios y servir a la humanidad.
Voces en el tiempo
Martha Moreno
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