En cierta ocasión llegó una señora a confesarse, y al comenzar me dijo: “Padre, tengo mucho rencor contra mis padres ya fallecidos ¿Qué hago?”, yo le pregunté: “Pero ¿Por qué tiene rencor hacia ellos? ¿Qué fue lo que le hicieron?”, entonces ella, con lágrimas en los ojos y voz entre cortada me dijo: “Padre, me da mucha pena lo que le voy a decir, pero mi padre abusó de mí cuando yo era pequeña, y lo hizo varias veces”, cuando yo oí lo que decía le dije: “Y ¿No le dijo a su madre?”, ella me contestó: “Padre, ese es el motivo del rencor que le tengo a mi madre, porque yo le dije varias veces y ella no hizo nada, ni siquiera se sorprendió, cuando yo se lo conté a mi madre yo esperaba al menos que ella me abrazara, pero no lo hizo, creo que incluso sentía cierta vergüenza, yo no entendía qué pasaba, pero con el tiempo me di cuenta que mi madre ya sabía lo que pasaba, porque platicando con mis hermanas supe que también de ellas había abusado mi padre y ellas también le habían dicho a mi madre y ella no hizo nada o no pudo hacer nada para ayudarlas, por eso les guardo mucho rencor a los dos, a mi padre por abusar de y a mi madre por no impedirlo, pero ya no quiero sentirlo”, yo le respondí: “Mire, no puedo ni siquiera imaginar el dolor, el sufrimiento y la angustia que usted vivió en su infancia temiendo al hombre que la había engendrado y recibiendo abusos de quien debería recibir solo cariño y amor. Situaciones como estas no deberían suceder, es verdaderamente indignante que eso le haya sucedido y en su propio hogar. También debió provocar en usted una profunda frustración y un gran desconcierto que su propia madre no haya hecho nada o no haya podido hacer nada para defenderla, comprendo el sentimiento de rencor que tiene hacia sus padres, creo que es muy entendible eso que usted siente en su corazón, que por lo demás es espontáneo, es decir, surge como respuesta a un maltrato o a un abuso recibido. Por otro lado, las personas que más deberíamos amar en el mundo son nuestros padres, pero a veces puede pasar todo lo contrario, que a quienes deberíamos amar terminamos por odiarlos o despreciarlos por lo que nos han hecho”, ella me dijo: “Así me he sentido toda mi vida, con enojo, coraje y frustración hacia mis padres, pero ahora que murieron los dos quiero que me diga qué hago para sacar este rencor de mi corazón”, yo le dije: “Mire, no es fácil sacar el rencor de nuestro corazón hacia una persona que nos ha hecho sufrir, porque es un sentimiento natural; pero tampoco es imposible de vencer, con la ayuda de la gracia y con su esfuerzo cotidiano puede ir sacando ese sentimiento de su corazón, participe de los sacramentos asiduamente y pídale a Dios que le ayude a vencer el rencor que hay en su corazón, y eso se puede hacer pidiendo por sus padres, orando para que Dios les haya perdonado sus pecados, encomendándolos a Dios para que él los tenga gozando de su presencia, solo así podemos vencer los malos sentimientos, llenándonos de amor, porque si nos dejamos llenar del amor de Dios, ya no habrá espacio para el rencor o el resentimiento, aun así, no es tarea fácil, es todo un camino que debemos recorrer, y que solo se puede completar con la ayuda de la gracia divina.

Qué terrible es para un menor que de quienes debería recibir amor, protección y cariño, sus padres, reciba solo maltratos, abusos o apatía e indiferencia. Quienes han sufrido esa experiencia crecen con un gran rencor y un fuerte resentimiento hacia sus padres, que no es fácil superar, y es que es entendible que la psicología humana reaccione así, porque si a las personas a quienes se debería amar naturalmente, no hacen lo necesario para ser amadas entonces el sentimiento se torna contrario, y así el amor se vuelve odio, desprecio, rencor o resentimiento, que solo Dios puede ayudarnos a superar con la ayuda de su gracia, por eso es tan necesaria la vida sacramental, porque con la recepción constante de los sacramentos se recibe la gracia divina, la única que nos hace capaces de vencer el mal en nosotros.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.