Una vez un joven me preguntó: “Padre, ¿Qué son las parejas LAT y qué dice la Iglesia sobre ellas? Porque yo tengo un amigo que vive una relación de estas, yo, como no sé qué son, mejor quise peguntar” yo le respondí: “El término parejas LAT proviene del inglés ‘Living Apart Together’, que se traduce como ‘Vivir separados, pero juntos’, consiste en estar casados, pero vivir en casas separadas. Desde hace unos años se empezó a difundir esta tendencia entre muchos nuevos matrimonios en todo el mundo y lamentablemente ha ido tomando más fuerza”.
Una pareja LAT mantiene una relación estable, pero sin compartir el domicilio, evitando la convivencia diaria. Una pareja LAT decide amarse para siempre, pero nunca vivir bajo el mismo techo, evitando así las incómodas peleas y los roces por asuntos habituales como las tareas domésticas.
En la actualidad muchas parejas en todo el mundo deciden tener una relación LAT. Para muchos es una forma de mantener su individualidad dentro del matrimonio y de tener tiempo para uno mismo. Mientras que, para otros, es un ejemplo del miedo al compromiso de las parejas actuales y de su falta de madurez.
¿Qué dice la experiencia de siglos?
El matrimonio, basado en la convivencia permanente y el compromiso mutuo, ha sido durante siglos la estructura más sólida para la construcción de relaciones estables y familias funcionales. No se trata simplemente de una costumbre social, sino de un modelo que responde a la naturaleza humana en su necesidad de seguridad, confianza y entrega total.
El amor auténtico implica no solo deseo y pasión, sino también responsabilidad y sacrificio por el otro. El matrimonio tradicional fomenta una unión basada en la exclusividad, donde cada miembro de la pareja sabe que puede contar con el otro en todas las dimensiones: física, emocional y espiritual.
Esta exclusividad se basa en la elección libre y consciente de compartir la vida con una sola persona, cultivando el amor con actos de entrega y fidelidad.
Perjuicios al vivir una relación LAT
- A largo plazo, debilita el sentido de compromiso y estabilidad en la relación.
- Genera dificultades para la crianza de hijos, ya que no hay un hogar compartido.
- Menor integración con la comunidad y la familia extensa, lo que puede llevar a mayor individualismo.
¿Qué dice la Iglesia sobre estos “nuevos” modelos de matrimonio y de familia?
Para la enseñanza de la Iglesia, el matrimonio es una unión estable, indisoluble y abierta a la vida. Por tanto, este tipo de uniones LAT no cumplen con los principios fundamentales del matrimonio cristiano porque:
- No reflejan la unión plena y el compromiso total entre los esposos (Génesis 2,24: “Y serán los dos una sola carne”).
- Separan la convivencia del amor conyugal, cuando la vocación del matrimonio implica compartir la vida en todas sus dimensiones.
- Fomentan un concepto de relación basado más en la conveniencia personal que en la entrega mutua.
La Iglesia ve con preocupación la tendencia actual creciente a redefinir la familia y el matrimonio en términos cada vez más individuales y egoístas, en lugar de verlo como una vocación de entrega, unidad y amor fecundo.
Estás formas de vida no son compatibles con la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio.
El matrimonio cristiano implica la unidad y la vida en común de los esposos. La convivencia matrimonial no es solo un aspecto práctico, sino una expresión del compromiso, la entrega mutua y la vocación a la unidad y fidelidad.
Hasta la semana que viene, si Dios quiere.
Pbro. Eduardo Michel Flores
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