Una vez una señora me preguntó: “Padre, ¿Qué se puede hacer con las imágenes religiosas, objetos de devoción, como medallitas, escapularios que se revientan, imágenes y crucifijos que se rompen o se estropean, así como los libros religiosos, vidas de santos, devocionarios, misales, etc. que se piensan desechar, pero tirarlos a la basura parece una falta de respecto porque están benditos?, ¿qué es lo más recomendable?”, yo le respondí: “Los objetos religiosos bendecidos acompañan la oración y la vida cristiana de las personas, y cuando se deterioran parece una fara de respeto simplemente ‘tirarlos a la basura’”.

La Iglesia no tiene una normativa específica para estos casos, pero sí existe una práctica piadosa común que se recomienda: tratar con respeto los objetos religiosos bendecidos cuando ya no se pueden usar.

Lo más aconsejable es:

  1. Darles un “retiro digno”:

* Quemarlos o enterrarlos con respeto. Esta es la tradición más extendida.

* Al quemarlos (imágenes en papel, estampas, escapularios de tela, rosarios de madera, etc.), se reducen a cenizas que ya no son reconocibles como objeto de culto.

* Las cenizas se pueden enterrar en un lugar adecuado, como un jardín o un espacio sagrado.

  1. Entierro directo:

* Si son objetos que no se pueden quemar fácilmente (por ejemplo, medallas, crucifijos de metal, imágenes de yeso), se pueden enterrar directamente en un sitio digno.

  1. No desecharlos como simple basura:

* La idea es evitar arrojarlos al basurero común, porque se corre el riesgo de que se les trate de manera irrespetuosa.

  1. Reutilización si es posible:

* A veces un objeto puede repararse, restaurarse o ser entregado a alguien que lo aproveche, en lugar de desecharlo.

* En el caso de libros religiosos (misales, Biblias), si no están muy dañados se pueden entregar en la parroquia para que los reutilice, también pueden ser llevados a asilos de ancianos o a la cárcel, donde los residente o internos les darán buen uso, pues buscan qué leer, y qué mejor que sea un libro religioso; y si ya están muy dañados, también pueden ser quemados o enterrados.

  1. Consulta en la parroquia:

* Muchas comunidades tienen el hábito de recoger objetos religiosos viejos y darles un retiro digno en conjunto.

OBJETOS DESTINADOS AL CULTO DIVINO

Respecto a ellos la Iglesia siempre ha enseñado que, aunque se deterioren con el tiempo, merecen un trato respetuoso hasta el final.

La norma general es:

  1. Si el objeto puede seguir usándose, aunque sea en otra función, debe aprovecharse.
    • Ejemplo: un misal ya viejo pero completo puede colocarse en la sacristía como consulta.
    • Una casulla deteriorada puede recortarse para hacer una estola o una bolsa de corporales.
  2. Si de verdad ya no puede usarse, entonces debe “retirarse piadosamente”.
    • Con los textos litúrgicos (misales, leccionarios, rituales, etc.): lo tradicional es quemarlos y luego enterrar las cenizas en un lugar digno, como junto a la iglesia o en el cementerio.
    • Con los linos sagrados (corporales, purificadores, manutergios, albas, etc.): lo más recomendable es lavarlos primero (para que no queden partículas eucarísticas), después se pueden quemar o enterrar.
    • Con las vestiduras sagradas (casullas, dalmáticas, capas pluviales): si ya no sirven, se les trata como a los linos: quemar o enterrar, o bien conservar partes de la tela en un archivo parroquial si tienen valor histórico.
  3. Lo que nunca debe hacerse es tirarlos simplemente a la basura, porque han sido objetos dedicados a Dios y al culto.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

Pbro. Eduardo Michel Flores.