En una ocasión entró un señor al confesionario, apenas empezó su confesión me dijo entre lágrimas: “Padre, mi matrimonio agoniza, ¿qué puedo hacer para rescatarlo?”, yo le pregunté: “¿Cómo es eso? ¿Por qué han llegado a este punto?” Él me decía: “Padre mi esposa y yo tenemos 35 años de casados, pero desde hace años que nos hemos ido alejando, nuestra relación es cada vez más fría, parecería que ya nada la puede salvar y desgraciadamente parecería que ella ya no quiere luchar”. Les he de ser franco, amigos lectores, que este caso en particular me impactó por tres motivos: primero, me sentí profundamente conmovido, porque si ya ver a una mujer llorar es estremecedor, imagínense a un hombre; segundo, generalmente las que platican de estos temas son las esposas y los esposos parecen ser los indiferentes, aquí era todo lo contrario; y tercero, porque me dio gusto saber de un esposo que no busca la separación como salida fácil de los problemas del matrimonio. Le dije entonces: “Acérquense a Dios, les sugiero recibir con frecuencia los sacramentos, como la Eucaristía y la Confesión, hacer oración juntos, leer la palabra de Dios, rezar el Santo Rosario, etc. porque sin la ayuda de la gracia les será más difícil superar sus problemas. Pero además busquen terapia de pareja, búsquense un especialista en familia (hoy existe una nueva especialización en el campo de la familia y del matrimonio, son los familiólogos, especialistas en temas de familia, profesionales en este campo, que pueden ayudar eficazmente a parejas en crisis), también existen los psicólogos o psicoterapeutas que pueden aconsejar en esta materia, pero hay que cerciorarse  que sean católicos y con principios y valores acordes a nuestra fe, para que puedan aconsejarlos bien”. Después de escucharme atentamente me dijo: “Así lo haremos padre, pero le pido por favor que ruegue a Dios por nosotros”.

Hermanos, el panorama actual sobre el matrimonio y la familia parece ser desolador, desgraciadamente son cada vez menos los que se casan a la Iglesia y los que se casan pronto quieren separarse, por eso creo que los matrimonios bien habidos y felices, que son muchos, tienen una tarea muy importante que desempeñar, mostrar a los jóvenes y a las parejas en crisis “la belleza del matrimonio”, algunos insisten en hablar de la crisis del matrimonio, como si fuera algo nuevo, es decir, como si nunca hubiera habido crisis en la vida matrimonial; otros se empeñan en atacar el matrimonio con leyes contrarias al matrimonio. Hoy más que nunca es importante luchar por revalorizar el matrimonio y la familia, porque son las células básicas de nuestra sociedad, si no cuidamos y protegemos el matrimonio y la familia, tal como Dios los quiso, tarde o temprano la sociedad resentirá las consecuencias, porque la base de la sociedad es el matrimonio y la familia y si estos se ponen en riesgo, lo que en realidad se juega es el futuro de la sociedad. Si minamos los cimientos de nuestra sociedad permitiendo el deterioro creciente de la vida matrimonial y familiar, la sociedad lo resentirá gravemente, de hecho es lo que estamos viendo en la actualidad, graves crisis sociales que no son más que resultado de la grave crisis del matrimonio y de la familia. Exijamos a los entes gubernamentales que lleven a cabo políticas públicas que protejan el matrimonio y la familia, es nuestro derecho. Dios los bendiga, hasta la próxima.

Padre Eduardo Michel Flores
Confidencias del Confesionario.