En cierta ocasión un joven me preguntó: “Padre, ¿puede un católico usar amuletos para atraer la buena suerte?”, porque yo últimamente he tenido muy mala suerte y un amigo me dijo que comprara una pata de conejo o consiguiera una herradura y la llevara conmigo y eso me atraería buena suerte, yo le dije que eso no era algo bueno, según nuestra religión, pero el insistía que no era algo malo, es más, me dijo que la Iglesia no solo aprueba, sino que promueve el uso de objetos para atraerse la buena suerte, como un rosario bendito o un crucifijo”, yo le respondí: “La Iglesia enseña que los amuletos, talismanes y otros objetos utilizados con la intención de atraer la buena suerte son contrarios a la fe cristiana, mientras que por el contrario permite y promueve el uso de ciertos objetos religiosos como parte de la devoción y la práctica de la fe, por ejemplo un rosario bendito o un crucifijo no son amuletos de buena suerte. La enseñanza de la Iglesia subraya la importancia de confiar en Dios y no en objetos supersticiosos para la protección o la fortuna”.
Enseñanza específica de la Iglesia:
- Superstición y magia: La Iglesia considera la superstición y la magia como pecados contra el primer mandamiento, que establece que no debe haber otros dioses aparte del Dios verdadero. Según el Catecismo de la Iglesia, la superstición es “una desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede incluso afectar al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando atribuimos una importancia de algún modo mágica a ciertas prácticas, por otra parte, lícitas o necesarias. Atribuir la eficacia de las oraciones o de los signos sacramentales a su sola materialidad, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición”.
- Dependencia de Dios: La Iglesia enseña que la verdadera protección y bendición vienen de Dios. Los católicos somos invitados a poner nuestra confianza en la Providencia Divina y en los medios legítimos de la gracia, como los sacramentos y la oración, en lugar de objetos o rituales que pretenden tener poder intrínseco o mágico.
- Objeción a la superstición: Usar un amuleto con la esperanza de que brinde buena suerte, protección o cualquier tipo de beneficio es caer en la superstición. Esto se ve como un intento de controlar el destino a través de medios que no están ordenados por Dios, lo que contradice la dependencia y confianza total que se debe tener en Dios.
- Objetos religiosos y su uso adecuado: La Iglesia permite el uso de objetos religiosos, como crucifijos, medallas de santos, escapularios y rosarios, pero estos deben ser utilizados con la comprensión correcta. No son amuletos mágicos, sino recordatorios de la fe, ayudas para la oración y signos de devoción que pueden inspirar a vivir una vida más santa. Su poder proviene de la intercesión de los santos y de Dios, y su eficacia está vinculada a la fe y la disposición espiritual del creyente. Estos objetos son considerados sacramentales, que son signos sagrados instituidos por la Iglesia que preparan a las personas para recibir los frutos de los sacramentos y santifican diferentes circunstancias de la vida. Utilizar un objeto bendito como un amuleto, creyendo que tiene un poder mágico en sí mismo para proteger o traer buena suerte, es un uso supersticioso. Este uso desvía la verdadera finalidad de los objetos benditos y cae en lo que la Iglesia considera superstición, que es contraria a la fe auténtica.
Hasta la semana que viene, si Dios quiere.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
Leave A Comment
You must be logged in to post a comment.