En una ocasión vino una señora joven y me preguntó: “Padre, ¿Por qué sufre la gente buena?”, yo le respondí: “¿Por qué me lo pregunta? ¿A qué se refiere exactamente?”, ella me dijo: “Mi madre es la persona más buena del mundo, apegada a Dios, muy servicial y con un corazón de oro, siempre dispuesta a ayudar a los demás, generosa a mas no poder, buena madre, excelente hermana, inigualable hija, devota esposa, abuela y bisabuela amorosa, mujer prudente y discreta, amiga leal, nunca se queja, jamás pronuncia una crítica hacia nadie, en una palabra es una santa; y ahora está sufriendo mucho por diversos males y enfermedades, por eso me asalta constantemente la pregunta, si Dios es bueno ¿Por qué sufre la gente buena?”, entonces yo le dije: “Dios es bueno, es verdad, de eso no cabe duda, pero creo que nos hemos equivocado cuando pensamos que el sufrimiento de una persona en este mundo está asociado a los pecados que hubiera cometido, o fuera como una especie de castigo por sus pecados o por sus obras; porque no es así, si así fuera entonces solo sufrirían los malvados, solo se enfermarían los delincuentes, solo veríamos postrados a los asesinos y secuestradores, pero no es así, todos los seres humanos sufrimos”, entonces ella me dijo: “Pero instintivamente deseamos que solo sufran los malos, y quisiéramos que solo enfermaran y murieran los malos”, yo le dije: “Pero no es así, el premio o el castigo de nuestras obras no lo recibimos en esta vida, sino en la otra, así nos lo enseña la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia. El misterio del sufrimiento del justo asalta constantemente el corazón del creyente desde el Antiguo Testamento, por eso se escribió el libro de Job, para tratar de entender el sufrimiento del justo, porque si creemos en la bondad de Dios, creemos que esa bondad debe traducirse en bendición, en felicidad para el hombre; sin embargo, constatamos que el hombre vive rodeado de sufrimientos, de dolores, de enfermedades, de muerte, ¿Cómo comprender, a la luz de la fe, el sufrimiento del bueno frente a la bondad de Dios? ¿Por qué sufre un ser humano bueno, que está en gracia de Dios? ¿Por qué sufre la gente buena? Creemos que el sufrimiento purifica al ser humano y le ayuda a reparar su pecado. Pero el problema surge cuando conocemos personas buenas, personas que tienen fe, que son fieles a Dios y, sin embargo, sufren mucho. Hoy pasa como cuando Jesús murió y fue sepultado, que no vemos los frutos de la gente que sufre, de esta gente que porta la cruz, como el Viernes Santo y el Sábado Santo no se veían los frutos del Hijo de Dios Crucificado, de sus sufrimientos. Sin embargo, todo resultará bien, porque después de padecer, resucitará”.

Los seres humanos sufrimos por el hecho de ser personas, es decir, por el hecho de pertenecer a la raza humana; forma parte de nuestro ser la limitación, el sufrimiento, el dolor, la mismísima caducidad de nuestro ser, es decir, que nuestro cuerpo es finito, no es eterno, se manifiesta de diversas maneras, como, por ejemplo, a través del envejecimiento, las enfermedades, el dolor, el sufrimiento y finalmente la muerte, y esto lo padecemos todos los seres humanos sin distinción, lo sufren buenos y malos, ricos y pobres, letrados y analfabetas, de un país y de otro, de todas las edades, de todas las condiciones sociales, de todas las religiones, de todas las razas, es decir, todos. Por otra parte, el Hijo de Dios, por su encarnación, participó en el sufrimiento de los hombres; al hacerse hombre tomó sobre sí todas las limitaciones de la humanidad, menos el pecado, y el sufrimiento forma parte de la vida humana, pero además el sufrimiento es un medio de salvación, como recuerda el profeta: ‘por sus llagas hemos sido curados’ (Is 53,5), Cristo padeció no solo por ser hombre, sino para salvarnos. Lo mismo sucede con nosotros. Es voluntad de Dios que la gente buena esté en el mundo, y participe misteriosamente de la pasión redentora de Cristo con su dolor, continuando lo que hizo Cristo, sufrir para rescatar a los hermanos que están en el pecado.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.