En cierta ocasión una joven me preguntó:
-Padre ¿Por qué los sacerdotes no se casan?
Sorprendido por la pregunta la invité a que me contara por qué tenía la duda.
-Desde hace tiempo me he preguntado por qué los sacerdotes no se casan, le pregunté a mi mamá y ella me dijo que para que estuvieran más disponibles para cuando los cambiaran de parroquia, pero esa respuesta no me satisface, se me hace insuficiente, por eso mejor decidí venir a preguntarle.
-Tienes razón -le dije- la respuesta tiene que ver con la imitación a Jesucristo, nuestro Salvador, ya que él permaneció virgen toda su vida para poderse dedicar totalmente al servicio de Dios y de sus hermanos, esa es la primera razón, la imitación de Cristo, eso es a lo que Jesús llamó ‘virginidad por amor al reino de los cielos’; también el celibato sacerdotal es signo y profecía de un mundo nuevo, del reino definitivo de Dios, el que los sacerdotes no nos casemos es un anuncio de que más allá de este mundo hay un mundo nuevo y mejor que nos aguarda después de este, es el cielo, la vida eterna, por la que vale la pena renunciar a casarse y a formar una familia; además el sacerdote, al igual que Cristo, se casa con la Iglesia, ama a la Iglesia con amor exclusivo. Así, dedicándose totalmente a las cosas de Cristo y de su Iglesia, el sacerdote goza de una amplia libertad para ponerse al servicio total de todos los hombres, sin distinción.
La razón principal por la que los sacerdotes no se casan tiene su fundamento en la tradición, la enseñanza de la Iglesia, la interpretación de la Palabra de Dios y la historia de la Iglesia. Algunas de las razones más profundas del celibato sacerdotal son: Celibato apostólico: Jesucristo, fundador de la Iglesia, era célibe, es decir, permaneció soltero, y también la mayoría de sus apóstoles, que fueron los primeros sacerdotes de la Iglesia, eran célibes. Por lo tanto, se considera que el celibato es un estilo de vida en conformidad con el ejemplo establecido por Jesús y sus apóstoles. Imitación de Cristo: Los sacerdotes, al recibir la vocación sacerdotal reciben también la vocación al celibato, el cual deben asumir libremente si buscan imitar a Cristo de manera más plena y dedicarse completamente a su servicio y a la comunidad. Cristo es el esposo de la Iglesia, y los sacerdotes que desean representar este papel deben hacerlo de manera total y sin distracciones. Dedicación total al ministerio: Al no tener la responsabilidad de una familia propia, los sacerdotes pueden dedicar más tiempo y energía a su ministerio pastoral, la oración, la enseñanza y otros aspectos del servicio ministerial. El celibato les permite una entrega completa a la comunidad y a la Iglesia. Testimonio de vida: El celibato es considerado un testimonio radical del Reino de Dios y de la vida eterna. Los sacerdotes, al renunciar al matrimonio y a la vida familiar, buscan mostrar que su esperanza y satisfacción definitiva están en Dios y en su servicio a la Iglesia. Evitar conflictos: Al no tener una familia propia, los sacerdotes pueden tomar decisiones y guiar a sus comunidades de manera más libre, sin verse influenciados por las necesidades y preocupaciones familiares.
El celibato sacerdotal es un don de Dios a su Iglesia; un signo de entrega total al Señor. Apreciemos y valoremos el celibato de nuestros sacerdotes, que es un don de Dios para nuestro bien.
Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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