Hace poco un joven me preguntó: “Padre, ¿Qué son los femboys y qué dice la Iglesia sobre ellos?”, yo le respondí: “El término “femboy” es una palabra inglesa formada por feminine (femenino) y boy (muchacho). Se utiliza para describir a un varón que conserva su identidad masculina, pero que adopta algunas características, maneras de vestir, peinados, accesorios o formas de expresión culturalmente asociadas con la feminidad”.

No existe una única realidad detrás del término. Puede referirse a situaciones muy distintas:

  • jóvenes que simplemente tienen una apariencia más femenina;
  • hombres que disfrutan de ciertos estilos de vestir o de estética femenina;
  • personas que exploran cuestiones relacionadas con la identidad de género;
  • en algunos ambientes de internet, una subcultura vinculada a contenidos eróticos o sexualizados.

Por eso conviene no asumir automáticamente qué significa en cada caso.

¿Qué dice la doctrina de la Iglesia Católica?

La Iglesia no se ha pronunciado específicamente sobre la palabra “femboy”, porque es un término reciente y propio de determinadas subculturas contemporáneas. Sin embargo, sí posee principios antropológicos y morales que ayudan a valorar estas situaciones.

  1. Dios creó al ser humano como hombre y mujer

La Iglesia enseña, basándose en Génesis 1,27, que la diferencia sexual entre varón y mujer forma parte del designio de Dios.

El ser humano no es un alma encerrada en un cuerpo cualquiera, sino una unidad de cuerpo y alma. Por ello, la masculinidad y la feminidad no son algo accidental o irrelevante.

  1. La identidad sexual merece ser acogida

La Iglesia considera que el hombre está llamado a reconocer y aceptar su identidad sexual como un don de Dios.

El Catecismo enseña:

“Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual” (CEC 2333).

Por ello, cualquier ideología que afirme que el sexo biológico carece de importancia o que pueda ser redefinido arbitrariamente es incompatible con la antropología católica.

  1. No todo comportamiento no estereotípicamente masculino es pecado

Es importante evitar simplificaciones.

La Iglesia no enseña que todos los hombres deban tener exactamente los mismos gustos, aficiones o formas de expresión.

Por ejemplo:

  • ser sensible;
  • tener inclinación artística;
  • ser delicado en el trato;
  • preferir ciertas formas de vestir culturalmente consideradas elegantes;
  • tener una personalidad menos ruda o agresiva;

no constituye en sí mismo ningún pecado.

La masculinidad cristiana no se mide por ajustarse a todos los estereotipos culturales de una época.

  1. Cuando existe rechazo de la propia identidad sexual

La cuestión moral se vuelve más delicada cuando la adopción de una apariencia femenina expresa:

  • un rechazo de la propia condición masculina;
  • la intención de presentarse socialmente como mujer;
  • la negación de la diferencia sexual querida por Dios.

En esos casos, la Iglesia considera que existe una tensión con la verdad de la persona humana tal como Dios la creó.

  1. Caridad y respeto hacia las personas

Cualquiera que sea la situación concreta de una persona, la respuesta cristiana debe incluir siempre:

  • respeto;
  • caridad;
  • comprensión;
  • acompañamiento pastoral.

La Iglesia distingue entre la dignidad de la persona y la valoración moral de determinadas ideas o conductas.

Por ello, un católico no debe burlarse, humillar o despreciar a una persona que se identifica como “femboy”. Al mismo tiempo, está llamado a mantener la visión cristiana sobre la identidad humana, la sexualidad y la diferencia entre varón y mujer.

La Iglesia enseña que la identidad sexual masculina o femenina es un don de Dios que debe ser acogido e integrado. Al mismo tiempo pide que toda persona sea tratada con respeto y caridad cristiana.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

Pbro. Eduardo Michel Flores.