Una vez una joven me preguntó: “Padre, ¿Qué dice la Iglesia sobre las ‘maldiciones generacionales’ y las ‘oraciones de liberación’ que inician con ‘yo declaro’?”. Yo le respondí: “La Iglesia reconoce la existencia del demonio, la realidad de la tentación y la necesidad de la gracia de Cristo para vencer el mal. También admite que pueden existir influencias espirituales negativas relacionadas con el pecado, el ocultismo o ambientes profundamente desordenados. Sin embargo, la Iglesia mantiene prudencia ante ciertas corrientes que hablan de “maldiciones generacionales” y de algunas prácticas de ‘liberación’ basadas en fórmulas como ‘yo declaro’ o ‘yo decreto’”.

  1. ¿Qué son las “maldiciones generacionales”?

En algunos ambientes religiosos se enseña que los pecados de los antepasados producen una especie de maldición hereditaria que afectaría a los descendientes mediante enfermedades, fracasos, conflictos familiares o inclinaciones negativas. Estas ideas suelen ir acompañadas de teorías sobre “árboles genealógicos espirituales”, “ataduras hereditarias” o rituales para “romper maldiciones”.

La Iglesia no enseña estas teorías como doctrina. La Biblia sí reconoce que el pecado puede tener consecuencias familiares y sociales. Un ambiente violento, por ejemplo, puede dejar heridas en los hijos y ciertos comportamientos pueden repetirse culturalmente durante generaciones. Pero eso es distinto de afirmar que exista una culpa demoníaca hereditaria que permanezca sobre una persona incluso después del Bautismo.

El profeta Ezequiel corrigió esa interpretación cuando afirmó: “El hijo no cargará con la culpa del padre” (Ez 18,20). Además, el Bautismo libera del pecado original, incorpora a Cristo y hace al bautizado hijo de Dios y miembro de la Iglesia.

  1. ¿Existen las oraciones de liberación?

La Iglesia sí admite las oraciones de liberación para pedir protección y fortaleza espiritual. Son ejemplos legítimos la oración a San Miguel Arcángel, las letanías y las peticiones para que Cristo nos libre del maligno. Estas prácticas forman parte de la tradición católica.

Sin embargo, la Iglesia pide prudencia y obediencia cuando algunos grupos convierten estas prácticas en espectáculos emocionales, hacen diagnósticos improvisados o atribuyen casi todos los problemas al demonio. También distingue entre la oración privada de súplica, las oraciones de liberación dirigidas por ministros preparados y el exorcismo solemne, que sólo puede realizar un sacerdote autorizado por el obispo.

  1. ¿Qué pasa con las oraciones que comienzan con “yo declaro”?

Respecto a expresiones como “yo declaro prosperidad”, “yo decreto liberación” o “declaro rotas todas las maldiciones”, la Iglesia invita a un discernimiento. Estas fórmulas suelen provenir de corrientes neopentecostales y de la llamada “teología de la prosperidad”, donde se atribuye a la palabra humana un poder casi automático o mágico.

La espiritualidad católica tradicional no suele expresarse de esa manera. El cristiano no “decreta” sobre la realidad espiritual como si tuviera un poder soberano; más bien suplica, intercede y se abandona a la voluntad de Dios. Jesús enseñó a decir: “Hágase tu voluntad”.

  1. El peligro

El peligro de estas corrientes es que pueden generar miedo constante al demonio, obsesión con maldiciones, dependencia emocional de ciertos “liberadores” y descuido de los sacramentos. A veces personas con ansiedad o sufrimientos ordinarios terminan creyendo que todo es “opresión generacional”.

La vida cristiana auténtica es mucho más serena y sólida para todo cristiano: confesión frecuente, Eucaristía, oración, vida moral, lectura de la Palabra de Dios y confianza en Cristo. El centro de la fe no debe ser el miedo a las maldiciones, sino la certeza de que Cristo ya venció al demonio y permanece junto a su Iglesia.

Hasta la próxima semana, si Dios quiere.

Pbro. Eduardo Michel Flores.