Hace poco un joven me preguntó: “Padre, ¿Cuándo y quién fundó la Iglesia?”. Yo le respondí: “¿Por qué me preguntas eso?”, él me dijo: “Es que en redes sociales y en videos de internet se dice que la Iglesia católica nació en el Concilio de Nicea, en el año 325, o que el Emperador Constantino fundó la Iglesia e ‘inventó’ el cristianismo en el año 313”, yo le respondí: “Cuando uno revisa la Biblia y los primeros documentos cristianos descubre algo muy distinto de lo que dice internet”.
La Iglesia existía mucho antes que Constantino.
De hecho, su origen está directamente en Jesucristo.
La Iglesia nace de Cristo
El Evangelio muestra que Jesús no vino solamente a dejar enseñanzas morales o frases inspiradoras. Él reunió discípulos, formó una comunidad y le dio una misión concreta.
En el Evangelio de Mateo 16,18, Jesús le dice a Pedro:
“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
No dice “una iglesia” cualquiera, sino “mi Iglesia”.
Cristo elige a los Doce Apóstoles, les da autoridad, los envía a predicar, les manda bautizar y celebrar la Eucaristía. Ahí está la semilla de la Iglesia.
Además, los Padres de la Iglesia enseñaban que la Iglesia nace del costado abierto de Cristo en la cruz, de donde brotaron sangre y agua. Ese detalle del Evangelio simboliza los sacramentos, especialmente el Bautismo y la Eucaristía.
La Iglesia, por tanto, no nace de un proyecto político ni de un emperador, sino del sacrificio redentor de Cristo.
Pentecostés: la Iglesia sale al mundo
Después de la Resurrección ocurre un momento decisivo: Pentecostés.
En Hechos de los Apóstoles 2, el Espíritu Santo desciende sobre los Apóstoles. Pedro predica públicamente y miles reciben el Bautismo.
Ahí la Iglesia comienza su misión evangelizadora abierta al mundo.
Y esto sucede casi tres siglos antes del Concilio de Nicea.
Desde el inicio aparecen elementos claramente católicos:
- la predicación apostólica,
- la Eucaristía,
- el Bautismo,
- la oración comunitaria,
- y una autoridad visible en los Apóstoles.
¿Entonces qué hizo Constantino?
El emperador Constantino no fundó la Iglesia.
Lo que hizo fue conceder libertad religiosa a los cristianos mediante el Edicto de Milán en el año 313. Antes de eso, los cristianos habían sufrido persecuciones muy duras durante casi trescientos años.
Constantino ayudó a terminar con esas persecuciones y apoyó la convocatoria del Concilio de Nicea.
Pero la Iglesia ya existía desde hacía mucho tiempo.
Ya había obispos, sacerdotes, diáconos, liturgia, sacramentos y comunidades cristianas extendidas por distintas regiones del Imperio Romano.
¿Y qué pasó en Nicea?
El Primer Concilio de Nicea no “inventó” la divinidad de Cristo, como a veces se afirma en internet.
Lo que hizo fue defender oficialmente una fe que los cristianos ya profesaban desde el principio: que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.
El Concilio respondió a una herejía llamada arrianismo, que negaba la divinidad de Jesús.
Es decir, Nicea no creó una nueva doctrina; protegió la fe apostólica.
Una Iglesia con raíces profundas
Mucho antes de Constantino ya existían escritos cristianos que hablan claramente de la Iglesia Católica, de la sucesión apostólica y de la Eucaristía.
Autores antiguos como Ignacio de Antioquía o Ireneo muestran que los primeros cristianos ya vivían una fe organizada y universal.
Por eso, cuando alguien afirma que la Iglesia nació en el siglo IV, basta volver a las fuentes históricas y bíblicas para demostrarle que no fue así.
La Iglesia nació de Cristo, fue fortalecida por el Espíritu Santo en Pentecostés y ha atravesado siglos de persecuciones, crisis y desafíos hasta el presente.
Hasta la semana que viene, si Dios quiere.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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