En cierta ocasión un señor me preguntó: “Padre, ¿Qué puedo hacer para liberarme de una brujería?”, yo le contesté: “¿Por qué piensa usted que está embrujado?”, entonces él me contó que tuvo un grave problema con una persona que es devota de la Santa Muerte, y creía que esa persona “le había hecho una brujería”, porque desde que tuvo el problema con él le había ido mal, perdió su trabajo, tuvo un accidente laboral, se enfermó, entonces por eso me preguntó: “¿Qué puedo hacer para liberarme de la brujería?”.

Entonces yo le respondí:

  1. No se debe concluir inmediatamente: “Si pasó algo malo, entonces le hicieron brujería”.

Un accidente laboral, una enfermedad, problemas económicos o conflictos personales tienen muchas causas posibles. La tendencia a unir acontecimientos dolorosos y construir una explicación inmediata puede llevar a interpretaciones erróneas.

Desde la fe, hay que evitar dos extremos:

  • negar toda dimensión espiritual de la realidad;
  • atribuir casi cualquier problema a maleficios o trabajos.

Muchos fieles viven atrapados más por el miedo que por un supuesto mal espiritual.

  1. La Iglesia desaconseja la obsesión por buscar causas ocultas

Cuando una persona empieza a pensar:

  • “todo me sale mal porque me embrujaron”;
  • “seguramente me hicieron un trabajo o me echaron algo”;
  • “necesito que alguien me quite la brujería”;

puede entrar en una dinámica de dependencia, angustia y búsqueda constante de señales.

En esta situación es importante preguntar:

  • ¿Qué ocurrió objetivamente?
  • ¿Desde cuándo apareció ese miedo?
  • ¿Hay hechos concretos o sólo sospechas?
  • ¿Está interpretando sucesos normales como pruebas de un maleficio?
  1. La respuesta católica no comienza buscando exorcistas; comienza buscando a Dios

Lo primero no es buscar rituales extraordinarios, sino fortalecer la vida cristiana ordinaria:

  • confesión frecuente;
  • participación en la Eucaristía;
  • oración diaria;
  • lectura de la Escritura;
  • vida de gracia;
  • renuncia explícita a supersticiones, limpias, curanderismo y prácticas esotéricas;
  • uso correcto de sacramentales (agua bendita, bendiciones, medallas), sin mentalidad mágica.

La vida sacramental ordinaria suele ser la primera medicina espiritual.

  1. Sobre la devoción a la Santa Muerte

La llamada devoción a la Santa Muerte no pertenece a la fe católica y mezcla elementos religiosos, mágicos y esotéricos. Pero aunque la otra persona sea devota de la Santa Muerte, no se deduce automáticamente que tenga algún poder sobre la persona con quien tuvo el conflicto.

Un principio importante es:

El cristiano vive confiando más en el señorío de Cristo que en el supuesto poder de terceros.

  1. El miedo puede hacer mucho daño espiritual

A veces el problema principal termina siendo el miedo mismo:

  • hipervigilancia;
  • ansiedad;
  • interpretación constante de signos;
  • atribución de cualquier desgracia a fuerzas ocultas.

Eso desgasta la fe y puede producir mucho sufrimiento.

  1. El señor insistía: “pero sí me hicieron algo”

Entonces yo le respondí con mucha prudencia:

“No se puede afirmar que exista un maleficio sobre usted sólo porque le han ocurrido algunos problemas o algunas desgracias. Lo que sí puedo afirmar es que ninguna fuerza oscura está por encima de Dios. Por eso, le recomiendo: Fortalezca su vida sacramental, ore, viva en gracia y no entregue su paz al miedo”.

Y añadí algo importante: si además del miedo aparecen ansiedad intensa, insomnio, obsesión constante con brujería o deterioro importante de la vida cotidiana, conviene considerar también apoyo psicológico, porque a veces la angustia termina amplificando la percepción de amenaza.

En síntesis: la respuesta católica no es alimentar la sospecha, sino conducir de la superstición a la confianza, y del miedo a la vida de gracia.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

Pbro. Eduardo Michel Flores.