Una vez vino una señora joven a confesarse, y apenas entró en el confesionario me preguntó con evidente molestia: “Padre, ¿Por qué la Iglesia pide tantos requisitos para conferir un sacramento?”, yo le respondí: “¿Por qué dice usted ‘tantos’? ¿Por qué le parecen muchos?”, entonces ella me dijo: “Es que yo quiero bautizar a mi hija, pero me piden muchos requisitos: el acta de nacimiento de la niña, los comprobantes de pláticas prebautismales de papás y padrinos, las actas de bautismo, confirmación y primera comunión de los padrinos y, si son pareja, su acta de matrimonio religioso”, yo le dije: “Efectivamente, esos son los requisitos que se piden en cualquier parroquia para poder bautizar a un niño”, ella me interrumpió y me dijo: “Pues ¿Por qué tantos requisitos? a mí me parecen demasiados, yo creía que en la Iglesia se alegrarían de que uno quiera bautizar a sus hijos y que bastaría con que los padres manifestaran su deseo para que se pudiera realizar el sacramento, pero con tantos requisitos que piden parecería que la Iglesia en vez de facilitar quiere obstaculizar la recepción de los sacramentos de parte de la gente”, yo le respondí: “Mire, no creo que sea así, la Iglesia al pedir ciertos requisitos indispensables para conceder un sacramento lo hace para que comprendamos la seriedad del sacramento que se quiere recibir, los requisitos que se piden subrayan la importancia que tienen los sacramentos en la vida de la Iglesia y en la vida de los cristianos”, entonces ella me dijo: “Pues yo, cuando me iba a casar por la Iglesia, me pidieron mi acta de bautismo y como no la encontramos en mi casa, entre los documentos importantes que guardaban mis papás, y en el templo donde fui bautizada tampoco encontraron el registro de mi bautismo, anduve de un lugar a otro y pasé muchas penurias y preocupaciones para poder obtenerla, la verdad es que ya me estaba dando por vencida, porque se me hacían muy engorrosos los trámites, hasta que finalmente pude concluirlos, pero pensaba ¿Por qué la Iglesia nos complica tanto la vida cuando queremos recibir un sacramento?”, yo le respondí: “Creo que todo depende de cómo miramos a la Iglesia, si solo la vemos como una institución burocrática, como tantas otras que existenveremos los requisitos que nos pide para recibir un sacramento como trámites engorrosos, insufribles e incluso como obstáculos insalvables que nos pone a propósito para que no podamos superarlos; pero si vemos a la Iglesia como nuestra madre, percibiremos los requisitos que nos pide como el cuidado amoroso que una buena madre tiene por sus hijos para asegurar su bienestar espiritual”, entonces ella me dijo: “Tiene razón padre, con lo que me ha dicho caigo en la cuenta de que los requisitos que nos pide la Iglesia son para nuestro bien espiritual, para nuestro provecho propio”, yo le dije: “Me alegra que haya comprendido que la Iglesia quiere nuestro bien, por eso, si nos pide algo, es para nuestro propio beneficio”.

En la actualidad caemos mucho en una tentación: la vida fácil, sin esfuerzo ni dedicación. En esta época se quiere evitar a toda costa cualquier trámite que implique compromiso o nos pida tiempo, por eso proliferan la compra venta de documentos falsos de comprobantes de pláticas sacramentales, incluso de constancias de bautismo y de otros sacramentos. Las personas prefieren comprar un documento falso que esforzarse por cumplir con los requisitos exigidos por la Iglesia, como Dios manda. Que lamentable es la indolencia, la apatía y la indiferencia de muchos cristianos para comprometerse en serio en el cumplimiento de los deberes y las exigencias de la vida eclesial. Ojalá amáramos más a nuestra madre la Iglesia, para comprender que los requisitos que nos pide para recibir un sacramento tienen su razón de ser, no son fruto de la ocurrencia, ni de la improvisación y tampoco son un capricho de alguien que quiere perjudicarnos.

Dios los bendiga. Hasta la semana entrante.

Pbro. Eduardo Michel Flores.