En cierta ocasión una joven que se iba a casar me preguntó: “Padre, ¿No tengo derecho de invitar al sacerdote que yo quiera a celebrar la misa de mi boda?”, yo le respondí: “¿Por qué me preguntas eso?, ella me respondió: “Porque acudí a la iglesia donde me quiero casar y les dije que yo quería invitar a un sacerdote a que celebrara mi boda, pero en el templo no me lo permitieron”, entonces yo le dije: “Pero ¿y qué explicación te dieron?”, ella me dijo: “Pues el sacerdote encargado de ese templo me dijo que ese padre no podía casarnos, porque él no le daba permiso para hacerlo, cuando yo le pregunté por qué, me dijo que por prudencia no me podía decir nada más, yo me quedé muy confundida, ya que no entendí la razón de esa decisión, yo creía que bastaba que un hombre fuera sacerdote para que pudiera celebrar un sacramento”, entonces yo le dije: “Es una equivocación muy frecuente entre la gente, incluso entre los católicos, pensar que cualquier sacerdote, por el hecho de serlo, puede administrar todos los sacramentos sin limitaciones, ni restricciones de ningún tipo, en cualquier sitio o lugar. Para que un sacerdote pueda ejercer su ministerio se necesita que confluyan tres condiciones, que haya sido ordenado válidamente sacerdote de la Iglesia católica, que tenga permiso vigente del obispo para celebrar los sacramentos y que el sacerdote encargado del templo donde se va a celebrar el sacramento lo autorice. No basta solo haber sido ordenado sacerdote para que pueda celebrar un sacramento, es estrictamente indispensable que tenga licencia o permiso del obispo diocesano y que el párroco o capellán del templo donde se pretende celebrar el sacramento lo apruebe, para poder celebrarlo, como en este caso el sacramento del matrimonio”, ella me preguntó: “Entonces ¿no cualquier sacerdote puede celebrar un sacramento?”, yo le dije: “No, necesita reunir las condiciones antes mencionadas. Si faltara alguno de estos elementos entonces el sacerdote en cuestión no puede celebrar un sacramento”.

Es un error muy común, entre los fieles pensar que un sacerdote, por la sola razón de serlo, puede celebrar todos los sacramentos sin ningún tipo de límites o controles. Lo primero que se requiere para que un sacerdote pueda celebrar un sacramento es que haya sido ordenado sacerdote válidamente y pueda comprobarlo a través de documentos fidedignos. Es cada vez más frecuente escuchar casos de supuestos sacerdotes que se ofrecen para celebrar sacramentos por las casas, especialmente en algunos barrios o zonas, siempre será más seguro acudir a la parroquia a la que uno pertenece cuando necesite un sacramento y no solicitarlo a un desconocido. Si ya se comprobó que es un sacerdote legítimo, entonces se le pide tener su licencia ministerial vigente, es decir, el permiso actualizado del obispo diocesano para que pueda celebrar los sacramentos. Y, por último, la autorización del párroco o capellán del templo donde se desea celebrar el sacramento para que el sacerdote en cuestión pueda hacerlo. Se le puede negar la autorización a un sacerdote por diversos motivos, por ejemplo, por no respetar la liturgia de la Iglesia, por inventarse sus propios ritos o fórmulas sacramentales, o por otro abuso similar. 

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.     

Pbro. Eduardo Michel Flores.