Una vez vino una señora a confesarse, al llegar al confesionario me dijo: “Padre, no sé si ayudé a que se cometiera un homicidio”, inmediatamente le respondí: “Cómo es eso de que no sabe, ese es el primer requisito para cometer un pecado grave, el pleno conocimiento de que una acción es pecado mortal, que luego debe ir acompañada de un deliberado consentimiento de querer hacer aquello que es malo”, entonces ella me dijo: “Es que mi padre murió hace poco y nosotros sus hijos tuvimos que tomar decisiones con las que no sé si hayamos contribuido a acelerar su muerte y por tanto a cometer un homicidio”, entonces yo le dije: “Hágame el favor de decirme cómo pasaron las cosas y yo le ayudaré a despejar su duda”, entonces ella me dijo: “Mi papá murió hace unas semanas aquejado por un cáncer de pulmón que desde hacía años padecía, y cuando empezó a empeorar su estado de salud lo tuvieron que conectar a una serie de aparatos que mantenían su vida artificialmente, entonces, en cuestión de horas, llegó a un punto crítico y el médico que lo trataba nos convocó a mis cuatro hermanos y a mí y nos dijo que si queríamos que mi papá siguiera con vida tenía que ponerle unos medicamentos costosísimos que tenía que mandar traer a EU de inmediato, entonces uno de mis hermanos le preguntó al médico si mi papá tenía posibilidades reales de mejoría y el médico dijo que tenía muy pocas, así que en ese momento mi hermano nos preguntó a los demás que cada uno diera su opinión sobre el asunto y cada uno de mis hermanos expresó su opinión, no solo sobre la conveniencia de suministrarle los medicamentos, sino incluso sobre desconectar a mi papá de los aparatos que sostenían su vida para que ya dejara de sufrir y solo suministrarle medicamentos que aminoraran su sufrimiento, yo recuerdo ese momento, como si fuera un sueño, en el que sin estar de acuerdo con la mayoría me sumé a ellos con un simple silencio y un encogimiento de hombros con el que acepté tácitamente que ya no le hicieran ningún tratamiento a mi papá, entonces así lo hicieron los médicos que lo trataban por lo que, como era de esperarse, a las pocas horas murió y desde entonces me he quedado con la sensación de que pude haber contribuido a un homicidio”, entonces yo le dije: “Mire, el homicidio, en este caso eutanasia, se realiza cuando directa y deliberadamente se pone fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas, y no creo que sea este el caso”, entonces ella me interrumpió para decirme: “Es que ese es el punto, que creo que con nuestras decisiones se puso fin a la vida de mi padre”, entonces yo le dije: “Mire una cosa es realizar acciones que tienen como fin directo quitarle la vida a una persona y eso sí sería homicidio, y otra muy distinta es la interrupción de tratamientos médicos onerosos y extraordinarios que pudieran traer como consecuencia la muerte, es legitimo interrumpir esos medios con lo cual no se pretende provocar la muerte sino que simplemente se acepta no poder impedirla, y aunque eso nos pueda hacer sentir culpables, sin embargo, es totalmente legitimo que los familiares de una persona que ha perdido la conciencia tomen esas decisiones tan delicadas en comunicación con los médicos, así que no se sienta culpable, porque esa era una decisión legítima que ustedes debían tomar”, entonces ella me dijo: “Le agradezco sus palabras padre, me da mucha tranquilidad”.

La vida humana es un don de Dios y debe ser respetada desde su concepción hasta su muerte natural, el problema surge cuando de decisiones nuestras puede depender que una persona siga existiendo o no. Si decidiéramos directa y deliberadamente quitarle la vida a alguien sería un homicidio, ya fuera que se hiciera con un bebé en el vientre materno o con un anciano en fase terminal, pero si somos consultados sobre mantener o no medidas extraordinarias e incluso desproporcionadas que pudieran sostener artificialmente la vida de una persona y decidimos no mantenerlas, sino dejar que la vida siga su curso natural, entonces en ese caso no se comete un homicidio, sino que se evita el “encarnizamiento terapéutico” que no es obligatorio para ninguna persona. Dios da la vida y Dios la toma cuando él quiere. Respetemos la vida humana en todas sus fases, eso es lo que significa el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios: “No matarás”.

Dios les bendiga. Hasta la semana entrante.

Pbro. Eduardo Michel Flores.