En una ocasión un señor me preguntó: “Padre, ¿no es lo mismo altruismo que caridad?”, yo le respondí: “¿Por qué me pregunta eso?”, él me dijo: “Padre, yo soy una persona muy activa, socialmente hablando, ayudo a varias instituciones de beneficencia, unos amigos y yo nos hemos comprometido a trabajar en diversas obras sociales de ayuda a los más pobres y necesitados, yo creía que con ello estaba haciendo muchas obras de caridad, pero el otro día, platicando con un buen amigo mío, que es muy asiduo a la Iglesia, me dijo que lo que yo estaba haciendo era altruismo y no caridad, que se parecían mucho, pero que no son lo mismo, ya que la caridad se hace por amor a Dios y el altruismo se hace por ayudar al prójimo, yo no le entendí lo que me decía, pero me puso a pensar y por eso quise venir a preguntarle”, yo le respondí: “Efectivamente hay una diferencia entre altruismo y caridad, hay personas que gastan su tiempo o su dinero reconstruyendo una escuela o un hospital, enseñando alguna actividad a niños de la calle; hay también quienes colaboran para sostener comedores para personas sin hogar o en asociaciones que ayudan a estudiar a niños en edad escolar; todas estas obras son muy loables, pero hay quien las hace por altruismo y quien las hace por caridad, quien las hace por caridad busca ante todo agradar a Dios con las obras que hace, es decir, las hace por amor a Dios, porque descubre en el prójimo la imagen de Dios, las hace movido por la enseñanza de Jesús de verlo a él en el prójimo; los cristianos creemos que las obras de caridad las hacemos animados por Cristo, que esta presente en nosotros, e inspirados por el Espíritu Santo, que es el espíritu de la caridad; ahora bien, quien hace obras por altruismo lo que busca no es agradar a Dios, sino auxiliar al prójimo, promoverlo, ayudarlo a superarse; quien ayuda a los demás solo por esa motivación, lo que hace es altruismo”.
Naturalmente a las personas nos gusta ayudar a otras personas, nos sentimos bien cuando lo hacemos; y cuando vemos a alguien que dedica una buena parte de su tiempo a colaborar en alguna acción benéfica, nos parece un buen ejemplo a seguir, aunque no siempre lo imitemos. Regularmente, cuando alguien empieza a ayudar a los demás, no piensa en recibir una recompensa, solo busca el bien del prójimo, incluso a costa del propio. Por ejemplo, hay quien deja las comodidades de su hogar para pasar incomodidades, haciendo alguna obra buena, o deja de practicar un pasatiempo para dedicar tiempo a unos niños de la calle, etc. Quienes hacen estas obras buenas acostumbran a empezar con mucha ilusión y energías. Sin embargo, muchos de los que empezaron con ilusión no perseveran por mucho tiempo, algunos se cansan y terminan por perder de vista el sentido de lo que hacen. ¿Por qué unas personas se cansan más o menos pronto al hacer el bien y otras son capaces de hacerlo toda la vida y además lo hacen contentos? Todos empiezan con el mismo objetivo: hacer el bien al prójimo sin recibir ninguna recompensa; quienes solo buscan el bien del prójimo y nada más, lo que hacen es altruismo. Los que perseveran haciendo el bien es porque mantienen un diálogo amoroso, continuo, con Dios; si hacen el bien por amor a Dios esto es caridad. La caridad se define como la virtud teologal por la cual se ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios. El altruismo se puede entender como el comportamiento que tiende a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio, es un concepto usado para diferenciarlo de la caridad. Ambos términos son semejantes y ponen de manifiesto la capacidad del ser humano para ayudar a los menos favorecidos, unos por mandato de Dios mediante la caridad; y otros solidarizándose con las personas menos favorecidas solo por el deseo de ayudarlas, a través del altruismo.
Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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