Hace un tiempo entró en el confesionario una señora, madre de familia, quien después de su confesión me dijo: “Padre, mi hija quiere independizarse ¿hago mal si la dejo ir?”, yo le respondí: “Antes de responderle me gustaría saber ¿Qué edad tiene su hija y exactamente qué quiere decir con independizarse? ¿Se va a ir a vivir con un hombre?”, ella me dijo: “Mire padre, mi hija ya es mayor de edad, tiene veintiocho años, terminó su carrera y tiene un buen trabajo, tiene un buen sueldo, ha tenido varios novios, pero por ahora no tiene uno, ella ha manifestado el deseo desde hace tiempo de independizarse, es decir, de irse a vivir a parte, de tener su departamento, no es para irse a vivir con un hombre, ella dice que solo quiere tener su espacio, pero yo no sé si hago mal en dejarla ir o debo impedírselo”, yo le respondí: “Mire, yo creo que los seres humanos requerimos nuestro espacio y nuestra independencia, es la ley de la vida, le pregunté por la edad de su hija, porque si era menor de edad lo mejor era que tratara de convencerla de continuar en casa hasta que esté preparada para enfrentar la vida, también le pregunté si ella tenía la intención de irse a vivir con un hombre, porque eso es muy común ahora, y en este caso les aconsejo a los papás que les hagan ver a sus hijos que no están de acuerdo con eso, al final es decisión de los hijos, pero los padres no pueden estar de acuerdo con acciones que son contrarias a los mandamientos de Dios”, ella me dijo: “Entiendo lo que me dice padre, y no es este el caso, ella simplemente me ha dicho que cree que depende demasiado de la familia y quiere independizarse para empezar a asumir todas las tareas que conlleva tener una vida independiente”, yo le dije: “Si ese es el caso, creo que no solo no debe impedir que su hija se vaya, sino apoyarla, porque si lo que busca es crecer en responsabilidad eso es una obra buena”. Entonces ella me dijo: “Le agradezco mucho padre, me quita un peso de encima, yo creí que hacía mal si la apoyaba para independizarse, pero ahora comprendo que no”, yo le respondí: “Con mucho gusto, estoy para servirle”.

Es la ley de la vida que los hijos tarde o temprano emprendan su camino, y eso puede suceder de muchas maneras, es decir, pueden irse a estudiar a otra ciudad, a otro estado o a otro país, pueden decidir irse al convento o al seminario si Dios los llama, pueden independizarse de sus padres para asumir las responsabilidades de su vida. En estos casos los padres deben apoyar las decisiones de sus hijos, porque todo lo que contribuya al crecimiento y desarrollo de los hijos, especialmente en la responsabilidad y en la conciencia de sus deberes y obligaciones debe ser apoyado por los padres, y no cometen ninguna falta. Con los hijos pueden suceder dos situaciones que se deben evitar, la primera dejar salir de casa a los hijos demasiado jóvenes, porque probablemente aun no tengan bien formado el criterio y aun no hayan adquirido los valores necesarios para enfrentar la vida. Y la segunda es tenerlos en casa demasiado tiempo, es decir, no haberles dado la formación necesaria para que comprendan que deben emprender su camino, tal vez por sobre protección de parte de sus padres, lo cual perjudica gravemente a los hijos, haciéndolos atenidos e incapaces para enfrentar la vida por sí mismos.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.