Hace algún tiempo vino a confesarse una señora, y al final de su confesión me decía: “Padre, mi esposo comulga sin confesarse ¿le debo decir algo?”, le respondí: “¿Cómo es eso de que comulga sin confesarse?”, entonces ella me dijo: “Padre, es que mientras yo me confieso seguido mi esposo casi nunca se confiesa y sin embargo se acerca a comulgar tan tranquilo, yo he sentido el deseo de decirle algo, pero mis hijos me dicen que no le diga nada, que no tengo derecho de juzgar lo que pasa en su corazón, por eso quise venir a preguntarle, porque no sé si estaré bien o no al querer decirle algo, ¿me puede ayudar, por favor?”, yo le respondí: “Mire, por una parte la Iglesia nos recomienda la confesión frecuente como un medio para acercarnos a recibir la comunión con la preparación necesaria, pero por otra parte, cada quien debe actuar de acuerdo a su conciencia, y si su esposo se acerca a comulgar es porque su conciencia no le reclama pecado grave, ella me respondió: “Padre, yo conozco a mi marido, y sin que afirme que es un gran pecador, tampoco puedo decir que sea un santo, por eso creo que cuando se acerca a la comunión lo hace sin estar suficientemente preparado, incluso no sé si cometa sacrilegio”, yo le dije: “Mire, hay un dicho latino que dice ‘de internis neque ecclesia iudicat, que se traduce como ‘de lo que hay en el interior de una persona ni siquiera la Iglesia se atreve a juzgar’, que debe entenderse como que nadie tiene el derecho de juzgar ni mucho menos condenar al prójimo. La propia Iglesia se declara incapaz de juzgar lo que hay en el corazón y en la conciencia de quien quiera que sea. Solamente Dios conoce lo que hay en el interior de cada conciencia y solamente Él puede juzgarnos”, ella me respondió: “Entonces, por lo que entiendo, ¿yo no le puedo decir nada a mi esposo? ¿lo dejo que siga comulgando sin confesarse?”, yo le dije: “Mire, usted tiene el deber de aconsejar a su esposo, de invitarlo a acercarse a los sacramentos si no ve que lo haga muy frecuentemente,una invitación si bien no en tono de regaño; pero, por otra parte, no tiene derecho a suponer que porque el se confiese menos que usted entonces estará cometiendo un sacrilegio cada que comulga, ni usted ni nadie pueden juzgar de lo que pase en el interior de su esposo, eso se lo debe dejar a Dios”, entonces ella me dijo: “Padre, le agradezco sus consejos, me ayudarán mucho para no juzgar a mi esposo y respetar su conciencia”.

Los seres humanos tenemos diferente sensibilidad para las cosas de Dios, mientras las mujeres sienten la necesidad de abrir su conciencia con más frecuencia y lo hacen con más facilidad, a los hombres por el contrario nos cuesta trabajo abrir nuestra conciencia y por eso lo hacemos con menos frecuencia y con menos facilidad que las mujeres, lo importante es evitar juzgar al prójimo porque se confiese más o se confiese menos. Se oye decir que hay esposos que se burlan de sus esposas porque se confiesan frecuentemente y ellos les dicen: ¿Para que te confiesas tan seguido? De todas formas, no cambias. Creo que ni la esposa debe juzgar al esposo porque se confiese poco, ni el esposo debe juzgar a la esposa porque lo haga con más frecuencia. Igualmente, con los hijos, habrá que invitarlos a acercarse a los sacramentos, pero no forzarlos a hacerlo, porque a veces resulta contraproducente, ya que en vez de hacer amables los sacramentos se hacen odiosos.

Dios los bendiga, hasta la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.