En cierta ocasión una anciana que se acercó al confesionario después de confesarse me hizo una pregunta desconcertante, me preguntó: “Padre ¿no me podría perdonar de una vez los pecados que voy a cometer la semana próxima? De veras que si no lo hubiera escuchado no hubiera creído que alguien fuera capaz de hacer una petición así, pero la escuche bien, sin embargo como me pareció inadmisible lo que me pedía, así que le conteste: “¿Cómo dice? ¿Escuché bien? ¿Usted quiere que le perdone de una vez pecados que piensa cometer la semana que viene?” Ella me respondió sin titubear: “Así es padre, es que habitualmente me confieso cada semana y como voy a salir fuera y no voy a poder venir a confesarme la próxima semana, por eso pensé confesarme por adelantado, ¿o no se puede?”, entonces le dije: “Qué bueno que sea tan previsora, pero que se confiese seguido y no quiera faltar a su confesión no es el problema, sino que usted está pidiendo la absolución de pecados que todavía no comete ¿cómo está eso?”, entonces ella me respondió: “Mire padre soy una mujer muy anciana, tengo más de noventa años, así que mi vida es muy rutinaria, siempre hago las mismas cosas, además la próxima semana mi hijo me va a llevar a su casa lejos y casi estoy segura lo que me va a preguntar, porque casi siempre me hace las mismas preguntas, me va a preguntar cosas como en qué gasto el dinero que me da, y si me ha hecho falta algo, y cosas por el estilo y yo sé que le voy a tener que mentir, porque no le gusta que le dé dinero a las personas que me piden, porque dice que abusan de mí, entonces le diré que no lo he hecho, aunque sí lo haya hecho, además le diré que me falta dinero para mis necesidades aunque no sea cierto, porque no me ajusta el dinero que me da para hacer mis caridades, por eso ya sé cuáles son los pecados que voy a cometer la próxima semana”. Entonces entendí a qué se refería con aquella extraña petición, de cualquier manera le dije: “Mire le puedo perdonar los pecados que ya hizo, si está sinceramente arrepentida de ellos, pero los pecados que piensa hacer no se los puedo perdonar, porque si usted sabe que algo es malo no debería hacerlo, y si ya sabe qué pecados va a cometer quiere decir que no está arrepentida de ellos, porque aun sabiendo que son pecados quiere hacerlos y eso no está bien, no es correcto”.

Hermanos, no debemos acercarnos a la confesión si no estamos sinceramente arrepentidos de nuestras culpas, es un requisito indispensable el arrepentimiento sincero de nuestras faltas para poder confesarnos y la mejor forma de verificar la autenticidad de nuestro arrepentimiento es el propósito de enmienda que debemos hacer cada que nos confesamos, es decir, el compromiso que hacemos delante de Dios de no volver a cometer los pecados que hemos confesado. No veamos el Sacramento de la Reconciliación o Penitencia como un trámite engorroso que tenemos que cumplir, sino como un momento de misericordia y reconciliación con Dios nuestro Padre que nos ama y nos quiere reintegrar a la vida de la gracia mediante un abrazo amoroso de Padre.

Que Dios los bendiga. Nos leemos aquí la semana que viene.

Padre Eduardo Michel Flores
Confidencias del Confesionario.