Esto me preguntaba un joven de unos veinticuatro años una vez que entró en el confesionario, me decía: “Padre, vivo con mi novia y no estamos casados, ¿Me puede confesar?”, yo le dije: “si vives con tu novia sin casarte seguramente sabes que estás viviendo en una situación irregular, así que mientras no regularices tu situación no puedes recibir la absolución ni comulgar”, entonces él me dijo: “Entiendo que si estoy viviendo con mi pareja y no estamos casados no podemos acercarnos a la Confesión y a la Comunión, pero ya nos vamos a casar”, yo le pregunté: “¿Dentro de cuánto tiempo piensan casarse?”, él me dijo: “Pensamos casarnos dentro de un mes”, entonces yo le pregunté: “Y durante este tiempo ¿ya no van a vivir juntos o a dormir juntos?, él me respondió: “Claro que sí, no tenemos intenciones de separarnos”, entonces yo le dije: “Pues en estas circunstancias no puedes recibir la Absolución Sacramental ni la Comunión”, él me cuestionó: “Pero ¿Por qué? Mi novia y yo nos amamos mucho, ¿Qué eso no cuenta?”, le dije: “Aunque ustedes se amen mucho eso no es argumento suficiente para decir que está bien que vivan juntos, además para recibir la Absolución Sacramental en el Sacramento de la Reconciliación o Penitencia se necesita un requisito indispensable que es el arrepentimiento sincero, que debe manifestarse apartándose de las situaciones de pecado confesadas, en otras palabras, si quieres recibir la absolución de un pecado, como el de estar viviendo con una persona sin la bendición de Dios, tendrías que dejarla y tener el propósito de no volver a vivir con ella hasta que se casen, esto si quieres confesarte y recibir la Comunión”, él me dijo: “Entonces si ahora no tengo intención de no vivir con ella ¿no puede absolverme?”, le respondí: “Efectivamente, sólo si se separan podrías recibir la absolución y comulgar, porque eso ya sería un signo de arrepentimiento y de cambio”.

¡Cuánta confusión y cuánto relativismo moral hay hoy entre los jóvenes y los adultos! Porque piensan que pueden vivir con alguien sin estar casados, sólo porque se aman y así piden recibir los sacramentos, como la Confesión y la Comunión. Desgraciadamente no valoran los sacramentos como signos visibles de la gracia invisible que Cristo el Señor ha instituido para nuestra salvación. No se pueden recibir los sacramentos sin una indispensable preparación, y la preparación para la Confesión, además de un serio y profundo examen de conciencia, es un sincero arrepentimiento de los pecados, que incluye dejar de hacer los pecados que se han confesado; y la preparación para la Comunión es estar en gracia, es decir, no tener conciencia de pecado grave, si la hubiera, entonces se recurre a la Confesión, y se prepara uno para recibir adecuadamente la Sagrada Comunión.

 Dios los bendiga a todos, nos leemos la próxima semana.

Padre Eduardo Michel Flores