Yo creo que alguien podría pensar que nunca una persona preguntaría esto en el confesionario. Efectivamente, tal vez con esas palabras no, pero muchas veces los sacerdotes escuchamos peticiones que van en ese sentido. En una ocasión una señora, después de haber expuesto su situación matrimonial me preguntaba: “Padre, ¿me da permiso para tomar anticonceptivos?”, evidentemente le respondí: “Yo no puedo dar permiso de trasgredir la Ley de Dios”. Es también muy común que en la confesión haya señoras que digan: “Otro padre me dio permiso”, y yo les digo siempre lo mismo: “Primero habría que ver si esto es verdad, si el padre con el que acudió le dio permiso para hacer algo ilícito, y luego habría que ver si le dijo al padre las cosas como son”. Una vez un señor me decía: “Estoy viviendo con una mujer que no es mi esposa, pero llevamos una vida en orden, así que quiero que me dé la absolución”, al decirle yo: “Esto es imposible”, él me dijo: “Yo iba con otro padre y él siempre me daba permiso de comulgar en mi situación y ahora usted tiene otra opinión”, yo le dije: “Pues no es cuestión de opinión, así es la enseñanza de la Iglesia y debemos respetarla”. Una vez una señora, luego de haberme dicho que ya había tenido los hijos que podía cuidar, me dijo: “Padre, ¿me da permiso de operarme para no tener más hijos?”, obviamente le dije: “Yo no doy permiso para operarse”. En otra ocasión, después de su confesión, un señor ya mayor me decía: “Padre, ¿verdad que a mi edad yo ya tengo permiso para hacer el ‘pecado solitario’?”, yo le dije: “No hay ninguna edad en la que lo malo pase a ser bueno”, pero él insistía: “Yo me confesaba antes con otro padre y él siempre me daba permiso”. Todos estos casos tienen en común la petición directa o indirecta que hacen quienes se confiesan de recibir un “permiso” para pecar, y en todos los casos reciben de los sacerdotes que están bien formados en la doctrina y en la moral católica un rechazo a esa desconcertante petición que muchas veces es simplemente la búsqueda de traspasar la responsabilidad de sus actos y sus respectivas consecuencias “al sacerdote que me dio permiso”.
Amigos, no busquemos la justificación de nuestros actos, si nuestra conciencia nos dice que esos actos son contrarios a la Ley de Dios no pretendamos que un sacerdote apruebe lo que él mismo no puede aprobar. El sacerdote es un servidor de Dios, no debemos querer forzarlo a que acepte como bueno lo que de por sí sabemos que es moralmente ilícito. Que nos quede claro, nadie nos puede dar permiso para pecar, eso es absurdo, ningún hombre sobre la tierra nos puede dar permiso de trasgredir la Ley de Dios, nuestra propia conciencia nos lo reprocha. Cuando vamos a confesarnos y queremos que el sacerdote apruebe lo reprobable en el fondo es quizá nuestra pretensión de traspasar nuestra responsabilidad al sacerdote o tal vez el deseo justificar nuestras malas acciones lo que nos lleva a esa actitud. Bien sabemos lo que es bueno y lo que es malo, entonces hagamos lo que es bueno y rechacemos lo que es malo, lo demás, como decía Jesús, viene del maligno.
Hasta la próxima semana, si Dios quiere.

P. Eduardo Michel Flores.
Confidencias del Concesionario