Hace un tiempo vino al confesionario una señora mayor y en su confesión me decía: “Padre, estoy preocupada de que mis hijos y nietos se condenen”, yo le pregunté: Pero “¿Por qué piensa eso?”, entonces ella me dijo: “Yo vivo con mucha preocupación respecto a mis hijos y mis nietos, tengo tres hijos, uno de mis hijos abandonó la Iglesia y se hizo protestante, y pienso que se va a condenar por eso, y mi hija perdió a su esposo muy joven y por rebeldía por lo que pasó dice que ella ya no cree en Dios y también creo que se condenará por eso”, yo le dije: “Creo que como madre es razonable que se preocupe de sus hijos y sobre todo de su bien espiritual y de su salvación, pero creo que solo por el hecho de que un hijo cambie de religión o diga que dejó de creer no significa que esté condenado, eso dependerá más bien de sus acciones, de cómo vivan, si viven rectamente o no, ¿acaso son malos hijos?”, ella me respondió: “No padre, gracias a Dios mi esposo y yo sembramos en ellos buenos valores y principios, así que en realidad son buenos hijos.

Mi hijo protestante me quiere mucho y me procura frecuentemente, me invita a comer y a pasear seguido, y es muy caritativo; y mi hija, que se dice atea, es muy buena hija, se preocupa mucho por mí, además es una buena persona, se preocupa por los demás”, entonces yo le dije: “Entonces no tiene de que preocuparse, sus hijos son buenos y seguramente Dios tendrá en cuenta sus obras buenas, no se angustie pensando que se condenarán, solo habría que preocuparse de eso si fueran malos hijos o hicieran cosas malas, pero no es el caso; usted no deje de pedir por ellos, de darles buenos consejos y de darles buen ejemplo”, entonces ella me interrumpió y me dijo: “Padre, tengo que decirle que también me preocupan mucho mis nietos, porque los hijos de mi hijo protestante no han recibido los sacramentos, no están bautizados, ni han hecho la primera comunión, y los hijos de mi hija atea no van a misa, ni rezan, y eso me angustia mucho, porque pienso que se van a condenar”. Entonces le respondí: “Lo mismo que le dije de sus hijos se lo digo de sus nietos, por el solo hecho de que no hayan recibido los sacramentos o de que hayan dejado de practicar la fe no tenemos derecho a pensar que se vayan a condenar”, para Dios todos somos sus hijos y Él quiere que todos los hombres se salven, además le hago la misma pregunta ¿sus nietos son malos?”. Ella respondió: “No padre, son muy buenos muchachos, buenos hijos con sus padres, buenos nietos, cariñosos conmigo y muy estudiosos”, entonces le dije: “Pues entonces si son buenos nietos no hay de qué preocuparse”, ella me dijo: “Pero yo había oído decir que fuera de la Iglesia uno no se puede salvar y si una abandona la fe católica se condena”, yo le dije: “Mire, la Iglesia nos enseña que una persona no bautizada o no practicante de la fe católica puede salvarse si vive de acuerdo a su conciencia y actúa rectamente”, entonces ella me dijo: “Padre, le agradezco mucho, porque me ha quitado una preocupación de encima, que me quitaba hasta el sueño”.

Amigos, es muy comprensible la preocupación que experimentan los padres y los abuelos por sus hijos y por sus nietos cuando estos cambian de religión o dejan de practicar la fe que les enseñaron; su amor les lleva a preocuparse no solo de su bienestar material sino espiritual; pero la fe que hemos recibido y que nos fue revelada por Jesucristo, nuestro Señor, nos dice que Dios es un Padre bueno y misericordioso, que quiere que todos sus hijos se salven y hará todo para que así sea; además los valores, los principios y las buenas costumbres que sus padres les hayan enseñado no se olvidan fácilmente, seguramente eso les ayudará a vivir rectamente y será el medio del que Dios se valga para salvarlos.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.