Hace unos días un joven llegó a mi oficina y me preguntó: “Padre, ¿es verdad que los ministros de culto no pueden y no deben hablar de política?”, yo le respondí: “¿Dónde escuchaste eso? ¿Quién te lo dijo?”, entonces él me dijo: “En días pasados oí en las noticias que un tribunal federal determinó que unos obispos y unos sacerdotes habían violado la Constitución al haber hablado de política en redes sociales, la verdad no estoy muy bien enterado del asunto, pero entendí que según la ley los ministros de culto no pueden opinar sobre política, a mí me pareció un exceso, por eso quise venir a preguntarle”, yo le dije: “Mira, existe mucho desconocimiento sobre el tema, incluso entre los católicos, porque en general la gente piensa que los ministros de culto solo debemos hablar de religión y de temas espirituales, pero, en realidad, los ministros de culto, obispos, sacerdotes y diáconos tenemos derecho a expresarnos sobre cualquier tema, haciendo uso de nuestra libertad de expresión; es verdad que según la ley civil, en el ejercicio de nuestro ministerio no podemos hablar expresamente a favor o en contra de un partido o de un candidato, especialmente en tiempo de elecciones, pero en virtud de nuestro ministerio profético, no solo podemos, sino debemos hablar de política en sentido amplio, es decir, hablar de los temas que atañen al bien común, de las cuestiones que interesan, preocupan y aquejan a la gente y, sobre todo, de los eventos que suceden y de los asuntos que son contrarios a los principios del evangelio”, entonces él me dijo: “Ya entendí padre, entonces en el caso de los obispos y de los sacerdotes que dicen que violaron la ley, ¿la sentencia del tribunal es injusta?”, yo le dije: “Efectivamente, la reciente sentencia es injusta, es un abuso de poder, un intento de amordazar a la Iglesia. Atenta contra la libertad de expresión y contra la libertad religiosa, porque los obispos y sacerdotes mencionados simplemente cumplieron con su deber como ministros del evangelio, únicamente animaron a los fieles a ser coherentes con los valores de su fe a la hora de votar; si se quiere ser coherente con los principios de la fe, no se debe votar por partidos que van en contra de los mismos, eso es de elemental lógica. Nada de extraordinario tiene animar a los fieles a votar por candidatos que defiendan la vida y la familia, sin señalar ningún partido concreto, a favor ni en contra. Son los fieles, ciudadanos como los demás, quienes tienen que informarse para realizar ese voto en conciencia”.

¿Hasta cuándo vamos a tolerar que, contra los principios de la misma Constitución, no todos los ciudadanos seamos iguales? Es decir, que haya ciudadanos de primera y de segunda categoría. Porque a los ministros de culto no se nos trata como iguales ante la ley, sino como ciudadanos de segunda clase: podemos votar, pero no ser votados; no tenemos libertad para expresar nuestra opinión, ni siquiera de forma cuidadosa, respetuosa, invitando a los fieles a ser coherentes con los principios doctrinales que profesan. El Estado laico es el que no se adhiere públicamente a ninguna religión determinada y en el cual todas las creencias religiosas tienen garantizada su existencia y su ejercicio. El Estado laicista, en cambio, restringe la libertad religiosa, y con ella la de expresión, condenando a los ministros de culto al silencio, impidiéndoles que expresen libremente sus valores. En México, más que en un estado laico vivimos en un estado laicista. Los ciudadanos deben levantar la voz contra toda forma de autoritarismo, venga del poder que sea, y deben dar todo su apoyo a los ministros de culto, víctimas de esta injusticia perpetrada por un órgano de justicia, si no lo hacen, luego podrían ser ellos los que sean víctimas del autoritarismo. La Iglesia es un actor importante en la vida social y tiene derecho a expresar su opinión, querer amordazarla es simple y llanamente absurdo.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.             Pbro. Eduardo Michel Flores.