Hace tiempo vino un joven y me hizo una pregunta: “Padre, ¿es verdad que es un pecado manejar de forma imprudente?”, yo le respondí: “¿Por qué me preguntas eso? ¿Tú lo has hecho alguna vez?”, entonces él me dijo: “No padre, lo que sucede es que en unos meses entraré a la universidad y mis padres han prometido regalarme un automóvil para ir a la escuela, dentro de pocos días obtendré mi licencia de manejar, y mis padres me han dicho, en repetidas ocasiones, que debo conducir con cuidado, que debo ser sensato al manejar, incluso me han dicho que si conduzco de manera imprudente puedo cometer un pecado, yo de pronto pensé que estaban exagerando, pero luego, me quedé pensando y dudé, por eso quise venir a preguntarle, ¿es verdad que es un pecado manejar de forma imprudente?”, Entonces yo le dije: “Efectivamente, es verdad lo que te dicen tus padres, manejar un automóvil de forma imprudente, es un pecado”, entonces él me preguntó: “Pero ¿qué tipo de pecado es, venial o mortal?”, yo le respondí: “Depende, si la imprudencia pone en grave riesgo la propia vida o la de los demás es un pecado mortal, sino es venial”, entonces él me preguntó: “¿Y cuál sería una imprudencia grave al manejar?”, yo le contesté: “Por ejemplo, manejar en estado de ebriedad, o a gran velocidad, muy por encima de los límites establecidos, jugar carreras con otros vehículos, conducir usando el celular, ya sea contestando una llamada o respondiendo mensajes de texto, o por ejemplo, arreglándose por el camino, peinándose, vistiéndose, etc., eso se debería hacer en casa, no en el auto camino al trabajo o a la escuela, claro que si una persona durante los altos que hay en el trayecto de su casa al trabajo aprovecha para desayunarse un café o un jugo, no comete un pecado, porque solo lo hace cuando el auto está parado, el problema es cuando se hace con el auto en movimiento, eso sí es una imprudencia”, entonces él me dijo: “¿Qué consejos le daría usted a una persona que va a conducir por primera vez un auto para que maneje con prudencia?”, yo le respondí: “Primero hay que ser conscientes que manejar un auto es una gran responsabilidad, por lo que debe uno manejar con mucha prudencia, poniendo toda la atención en lo que se hace, evitando las distracciones, como el uso del celular, observando las leyes de tránsito, respetando los señalamientos de circulación, salir con tiempo suficiente para llegar al destino señalado, así se evita manejar de prisa o de forma imprudente, tener bien presente que el objetivo de uno al subirse a un automóvil es llegar al destino que se propone, manejar con calma y serenidad, atento a su propia forma de conducir y a la de los demás, a veces uno maneja bien, pero los demás no, uno debe ser muy cuidadoso y evitar provocar o caer en la provocación de otro conductor e iniciar una riña de tráfico, manejar a una velocidad razonable, a una velocidad más alta en vías rápidas, o grandes avenidas y a menor velocidad en otras vías más angostas o zonas populosas, no rebasar un auto si no se tiene suficiente visibilidad, frenar cuando se va a dar vuelta, usar las señales del auto para avisar a los autos que vienen detrás que uno va a dar vuelta a derecha o a izquierda o que uno se va a parar, ceder el paso a otros automovilistas, respetar al peatón, al ciclista o al motociclista, etc.”.

La Iglesia insiste en los deberes que un conductor cristiano tiene, sea cual sea el vehículo que maneje, en las actuales circunstancias conducir un vehículo tiene graves consecuencias morales. Muchos cristianos no saben conducir cristianamente su vehículo. La Iglesia nos enseña que a un cristiano las leyes de tránsito le obligan en conciencia y que las infracciones de tránsito son, además de una falta civil, materia de confesión; casi nunca las personas se confiesan de haber cometido una falta de tránsito, que puede ser más o menos grave dependiendo de la violación cometida, le hayan o no impuesto una multa por ello.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.