En cierta ocasión entró en el confesionario un señor y me preguntó: “Padre ¿es pecado prestar dinero cobrando intereses?”, yo le dije: “¿Por qué me pregunta eso? ¿Usted lo  hace?”, entonces él me dijo: “Efectivamente, yo presto ocasionalmente dinero desde hace tiempo, cobrando intereses, pero a mí me parecía muy normal hacerlo, sin embargo, hace poco un amigo me dijo que es pecado que un cristiano preste dinero cobrando intereses; yo le dije que no pensaba que fuera así, pero como no estoy seguro por eso quise venir a preguntarle”, yo le respondí: “En el Antiguo Testamento, la Ley de Dios hacia la distinción entre cobrar intereses a los israelitas, lo cual estaba prohibido y cobrar intereses a los extranjeros, lo cual estaba permitido (Dt 23,19.29). Por tanto, en la Sagrada Escritura no parece ser pecado en sí el prestar dinero cobrando intereses. No obstante, es una práctica que fácilmente puede prestarse al abuso, especialmente para aprovecharse de los más pobres o necesitados. Jesús, en la parábola de los talentos, menciona, como algo muy común, la práctica de poner dinero en el banco para ganar intereses (Mt 25,27; Lc 19,23). No es ciertamente para Jesús la mejor forma de usar el dinero, pero sí la aprueba como mejor que esconderlo; por tanto, en definitiva no es pecado prestar dinero cobrando intereses, lo que sí es pecado es el cobro excesivo de intereses, aprovechándose de la necesidad de la gente”, entonces él me dijo: “¿Qué significa eso de cobro excesivo?¿Cuánto es excesivo?”, yo le dije: “Si uno presta a una persona muy necesitada que apenas tiene para pagar el préstamo que se le hace, lo más conveniente es prestarle sin cobrarle ningún interés, o con un interés mínimo, (tal vez de 0.5 o 1% mensual) y con un plazo razonable de tiempo que le permita ir pagando el préstamo sin grave perjuicio de su economía familiar; pero si le presta a personas que tienen más solvencia económica y necesitan un préstamo para su negocio o para su casa podría prestarles cobrando un interés mayor, (tal vez de un 3 a un 5%) y con un plazo suficiente para que pueda devolverle su dinero sin perjuicio de su patrimonio”, entonces él me dijo: “Padre, pero los bancos cobran intereses más altos, y yo tomo como referencia lo que cobran los bancos para fijar la tarifa que yo pido de intereses sobre lo que presto”, entonces yo le dije: “Los bancos son, por definición, un negocio, por eso, en general cobran intereses muy altos, porque ese es su oficio, pero un cristiano que presta dinero ocasionalmente no debería tener como referencia lo que cobran los bancos para fijar su tasa de intereses, so pena de convertirse en un agiotista o un usurero, o un prestamista abusivo de esos que tienden a ser poco escrupulosos y se aprovechan de las situaciones de crisis que viven las personas para imponerles intereses altísimos a plazos muy cortos”.

La gente que tiene un dinero guardado como fruto de un ahorro o como parte de una herencia, puede verse tentada a prestar dinero y cobrar intereses, para obtener un beneficio extra del que podría obtener poniendo su dinero en el banco; es lícito para un cristiano prestar dinero buscando obtener un beneficio mayor al que recibiría si pusiera su dinero en los bancos, pero cuidado con caer en la tentación de los abusos, porque el cobro excesivo de intereses convierte a un simple prestamista ocasional en un agiotista o usurero, que presta dinero cobrando altos intereses aprovechándose de la necesidad de la gente para enriquecerse a costa de los mas pobres y necesitados, ese es un pecado muy grave que clama al cielo, más en estos tiempos de grave necesidad.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.