En cierta ocasión entró al confesionario una señora y dijo: “Padre antes de confesarme quiero preguntarle algo”, yo le dije: “estoy para servirle”, entonces ella me preguntó “¿es pecado cambiarse de fila para no comulgar con un ministro?”, yo le respondí diciéndole: “Creo que todo depende de cual sea el motivo”, entonces se quedó un momento pensando y luego me dijo: “Pues yo no comulgo con los ministros de la comunión porque ellos no tienen sus manos consagradas, como sí las tienen los sacerdotes, creo que es una falta de respeto que una persona cualquiera tome a nuestro Señor con sus manos impuras”, entonces yo le dije: “Mire, todos los cristianos estamos consagrados a Dios por nuestro bautismo, así que los ministros, igual que todos los fieles tienen no solo sus manos consagradas, sino también su cuerpo, además eso que dice usted de que es una falta de respeto que una persona cualquiera tome el cuerpo del Señor en sus manos debo recordarle que los primeros cristianos comulgaban tomando el pan eucarístico directamente en sus manos, esta ha sido una práctica en la Iglesia por siglos y en muchos lugares”. Ella me respondió diciendo: “Los sacerdotes, para recibir la unción de sus manos como ministros de Dios estudian años y años y los ministros con unos cursos que asisten durante unos meses y solo por un rato los nombran ministros y ya, a mí me parece que no son dignos de tomar el Cuerpo de Cristo en sus manos, eso no me parece bien”, entonces le dije: “Es verdad que los sacerdotes estudiamos mínimo 10 años para poder celebrar la eucaristía y que los ministros toman breves cursos de preparación, pero debe usted saber que no son los estudios los que nos hacen más o menos dignos para tomar en nuestras manos al Señor, porque nadie es digno de tomar al Señor en sus manos, la dignidad o indignidad no se adquiere por los libros, sino por la santidad de vida, por eso debe usted saber que para nombrar un nuevo ministro de la comunión los sacerdotes observamos entre los fieles que asisten asiduamente a la eucaristía y lo hace con piedad y devoción, así que la invitación depende de una vida de cercanía a Dios, aun así los que son elegidos no son santos consumados, sino seres humanos limitados como todos”. Ella me dijo: “Pues yo me cambio de fila cada vez que veo que me va a tocar comulgar con ministro, ¿es eso pecado?”, yo le dije: “Mire cambiándose de fila lo único que usted hace es un desprecio a una persona que no es perfecta, pero a la que se la ha invitado a servir a sus hermanos en este ministerio”. Luego ella dijo: “Pues a mí eso de los ministros se me hace que viene de los protestantes”. Yo le respondí: “Mire, la Iglesia, que es nuestra madre, en su sabiduría milenaria ha instituido esos ministerios para servicio de los fieles, son servicios que siempre han existido, eran ministerios o servicios de los que se preparan para las ordenes sagradas, pero que la Iglesia ha querido que los laicos también participen”.

Amigos que necesario es conocer lo que dispone nuestra madre la Iglesia en materia de ministerios laicales, como es el del Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión, que consiste en dar la comunión a los fieles y llevarla a los enfermos, aceptar a los ministros de la comunión en su servicio es ser obedientes a nuestra madre la Iglesia y despreciar a un ministro por ser laico cuando nos va a dar la comunión es una falta grave de caridad y una falta de fe, porque en realidad es despreciar al mismo Cristo, porque es el mismo Cuerpo de Cristo el que nos da el sacerdote que el que nos da el ministro laico. Además de que es un acto de rebeldía a lo que dispone nuestra madre la Iglesia.                               

Qué Dios los bendiga.

Padre Eduardo Michel Flores