Hace unos días vino una señora a confesarse y al final de su confesión me preguntó: “Padre, ¿Es malo apoyar una iniciativa para pedirle a los Obispos que nos devuelvan la misa?”, yo le dije: “Primero habría que averiguar de dónde procede esa iniciativa, porque es importante saberlo, luego habría que decir que cualquier iniciativa que se quiera plantear a los Obispos existen canales para hacérselas llegar, mediante los obispados o a través de la Conferencia de los Obispos, pero dígame ¿de qué iniciativa se trata?”, ella me respondió: “Se trata de una iniciativa que promueve una de esas páginas que apoyan múltiples causas sociales y humanitarias y que lleva por título: ‘Señores Obispos devuélvanos la misa’, ¿no ha oído usted de ella?”, yo le dije: “No, no la conozco ¿de qué se trata?”, ella me dijo: “Es una iniciativa que recoge firmas para pedirle a los Obispos ‘que nos devuelvan la misa, porque es nuestro alimento espiritual’, después de firmarla e invitar a otros a hacerlo me puse a reflexionar si estaba haciendo lo correcto o no, por eso quise venir a preguntárselo, usted ¿Qué piensa al respecto?”, yo le respondí: “Mire, en primer lugar no son los Obispos los que han decidido el cierre de los lugares de culto, sino las autoridades civiles, y lo han hecho pensando en la cantidad de personas que se reúnen en ellos y en las edades de las personas que ahí acuden, que son las más vulnerables. En segundo lugar, solo se devuelve lo que es propiedad de alguien. La eucaristía no es ‘propiedad’ de alguien, es un ‘don’, un regalo de Cristo que quiso dejar voluntariamente a toda su Iglesia. Es verdad que la eucaristía es nuestro alimento, pero por el momento no es posible celebrarla como lo hacemos siempre (a veces desgraciadamente sin valorarla lo suficiente, a veces incluso mecánicamente). El privarnos temporalmente de la Eucaristía, puede ser una oportunidad para valorarla más, amarla más y una ocasión para comprometernos más en la caridad con nuestros prójimos, quienes son también parte del ‘cuerpo místico’ de Cristo”, entonces ella me dijo: “Padre, entonces ¿debemos conformarnos con las misas por internet o por TV?”, yo le respondí: “Mire yo creo que nunca debemos conformarnos con una situación anormal. La situación que vivimos con la misa por internet o por la TV no es para nada lo mejor ni lo deseable, pero a veces entre lo deseable y lo posible debemos optar por lo posible, y esto es ahora lo posible, de acuerdo a las circunstancias que estamos viviendo. Además, creo que se está juzgando a los Obispos muy a la ligera, porque los primeros a quienes duele esta medida es a ellos, que como padres y pastores sienten las carencias y las necesidades de sus hijos como suyas. No ha sido nada fácil para los Obispos tomar la decisión de mandar a sus sacerdotes celebrar la misa a puertas cerradas y luego cerrar los templos, pero así lo han decidido cuando las autoridades civiles les han informado del peligro que existía de que las iglesias se convirtieran en un potencial foco de contagio”.

Los fieles cristianos deberían empatizar más con los Obispos, de quienes a veces solo se habla para criticarlos. Hay que tratar de ponerse en sus zapatos para que comprendamos la grave responsabilidad que llevan sobre sus espaldas, igual que el Santo Padre, porque deben velar por el bien espiritual, pero también corporal de sus fieles. Los Obispos saben que gran parte de los fieles que asisten a la Iglesia son adultos mayores. Ojalá que también fueran muchos jóvenes, pero la realidad no siempre es así. Creo que a todos nos tomó por sorpresa esta situación que estamos viviendo, nadie la esperaba, sabemos sin embargo, que los Obispos mantienen estrecha comunicación con las autoridades federales y estatales para procurar cuanto antes el regreso de los fieles a los templos y las celebraciones de la misa con la normalidad que permita la situación. A las autoridades civiles les debe quedar bien claro que la celebración de la eucaristía para nosotros los católicos es una actividad esencial, y no cultural, lúdica o recreativa, por eso la necesitamos como artículo de primera necesidad, tanto como el alimento material, queremos que se pueda volver a celebrar la eucaristía, claro está, tomando las debidas medidas sanitarias. Esperemos en Dios que pronto nos sea permitido.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima.

Pbro. Eduardo Michel Flores.