Una vez un joven me preguntó: “Padre, ¿Es dogma de fe la existencia del demonio?”, yo le respondí: Sí. La existencia del demonio como ser personal, espíritu creado bueno por Dios, pero que se rebeló y se convirtió en enemigo de Dios y del hombre, es una verdad de fe enseñada por la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio”.

El IV Concilio de Letrán (1215) definió solemnemente que el diablo y los demás demonios fueron creados buenos por Dios, pero por su propia voluntad se hicieron malos (DS 800). Esa afirmación tiene carácter dogmático.

El Catecismo de la Iglesia Católica lo recoge claramente:

  • “La Iglesia enseña que en el comienzo existieron seres espirituales creados por Dios. Unos de ellos pecaron y se convirtieron en malos. La Escritura los llama demonios” (CEC 391-395).
  • “El diablo y los demás demonios fueron creados naturalmente buenos por Dios, pero se hicieron a sí mismos malos” (CEC 391, citando el Letrán IV).
  • Creer en el demonio no significa “darle un culto” ni obsesionarse

El cristiano no centra su fe en el demonio, sino en Cristo.
Pero negar su existencia contradice la fe de la Iglesia, porque sería negar parte de la Revelación bíblica y del magisterio solemne.

La Iglesia insiste en que la acción del demonio no debe atemorizar, porque Cristo lo ha vencido con su muerte y resurrección. El demonio es real, pero limitado, y sólo puede actuar en la medida en que la libertad humana lo consiente.

Su acción más frecuente no son las posesiones espectaculares, sino la tentación, la división y la mentira.

Es dogma de fe creer en la existencia del demonio como ser personal, espíritu caído. Negarlo es apartarse de la enseñanza constante de la Iglesia.

  • La fe de la Iglesia afirma la existencia real del demonio

El Catecismo de la Iglesia Católica es claro:

  • “Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres está una voz seductora, opuesta a Dios, que los hace caer en la muerte por envidia” (CEC 391).
  • “La Escritura y la Tradición ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo” (CEC 391).
  • “El poder de Satanás no es infinito, pero actúa en el mundo por odio contra Dios y contra su reino” (CEC 395).

La Iglesia enseña, por tanto, que el demonio es un ser personal, un espíritu creado bueno por Dios pero que se rebeló. No se trata de una fuerza abstracta ni de un mero símbolo del mal.

  • Jesús mismo habló y actuó frente al demonio

En los evangelios no se trata sólo de metáforas o de malentendidos médicos:

  • Jesús discute con el diablo en las tentaciones del desierto (Mt 4,1-11).
  • Expulsa demonios con autoridad, y esos espíritus lo reconocen como el Hijo de Dios (Mc 1,23-26; Mc 5,1-13).
  • Distingue claramente entre enfermedades físicas y posesiones: por ejemplo, sana a la suegra de Pedro de la fiebre (Lc 4,38-39), y en otro momento expulsa un demonio que provocaba mudez (Lc 11,14).

La acción ordinaria del demonio no son las posesiones espectaculares, sino la tentación, la mentira, la división, la destrucción del amor. Reducir el demonio a un “símbolo del mal” sería desconocer lo que Jesús mismo reveló y lo que la Iglesia siempre ha creído.

En síntesis:

La fe católica, basada en la Palabra de Dios y en la enseñanza constante de la Iglesia, afirma la existencia real y personal de Satanás y de los demonios. En los evangelios no se trata de simples enfermedades mal interpretadas, pues Jesús distingue entre curar enfermos y expulsar demonios, y los mismos espíritus dialogan con Él reconociendo su autoridad. El demonio no es un mito ni un símbolo, sino un ser espiritual caído, limitado pero real, cuya acción Cristo ha vencido con su cruz y resurrección.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.      Pbro. Eduardo Michel Flores.