Una vez un señor me preguntó: “Padre ¿En qué consiste el principio del mal menor?, porque el otro día platicaba con un amigo y le decía que mi esposa estaba atravesando por la menopausia y por esa razón no habíamos podido tener relaciones, entonces le decía que debido a eso yo había caído en la masturbación y me sentía culpable por ello, entonces él me dijo que era preferible caer en eso a que fuera a buscar otra mujer, también me dijo que en situaciones como esta se aplicaba el principio del mal menor, en donde de dos males se elige el menor”, yo le respondí: “El principio del mal menor en la moral católica se refiere a la elección de la opción menos mala cuando no hay alternativas totalmente buenas. Se aplica cuando una persona se enfrenta a una situación en la que todas las opciones implican algún mal, y debe elegir la que cause menos daño o consecuencias negativas. Sin embargo, este principio nunca justifica un acto intrínsecamente malo, es decir, un acto que es objetivamente inmoral según la ley de Dios”.

Ejemplo válido del principio del mal menor

Un ejemplo clásico en el que se aplica este principio es cuando un médico debe amputar una pierna gravemente infectada para salvar la vida del paciente. La amputación es un mal (porque implica la pérdida de una parte del cuerpo), pero es menor en comparación con la muerte del paciente.

¿Se puede aplicar el principio del mal menor a la masturbación?

No, porque la masturbación es un acto que la moral católica considera intrínsecamente desordenado, es decir, siempre es moralmente malo en sí mismo (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2352).

En el caso que plantea, si un confesor le dijera a un hombre casado que puede masturbarse porque es “menos malo” que cometer adulterio con una prostituta, estaría errando moralmente ¿Por qué?

  1. El fin no justifica los medios
    • No se puede justificar un acto intrínsecamente malo (masturbación) con la intención de evitar otro pecado (adulterio).
  2. No hay una verdadera “necesidad” de pecar
    • La castidad es posible con la gracia de Dios. La moral cristiana no dice que una persona deba elegir entre dos pecados, sino que debe esforzarse por evitar ambos.
  3. El matrimonio no es solo procreación
    • Aunque la esposa ya no sea fértil por la menopausia, las relaciones conyugales siguen siendo legítimas y santificadoras dentro del matrimonio, pues expresan amor y unidad.
  4. La virtud de la castidad se puede vivir en todas las circunstancias
    • Si por alguna razón los esposos no pueden tener relaciones, están llamados a vivir la castidad conyugal de acuerdo con su situación.

Entonces, ¿qué debe hacer una persona en esa situación?

El confesor no debe sugerir un mal menor, sino invitar a la persona a:

  • Pedir la gracia de Dios para vivir la castidad.
  • Buscar apoyo en la oración y los sacramentos.
  • Comprender que la sexualidad conyugal no se reduce solo a lo físico, sino que implica amor y donación mutua.
  • Si hay dificultades en la relación matrimonial, fortalecer el vínculo emocional y espiritual.

Conclusión

El principio del mal menor no se aplica a actos que son siempre intrínsecamente malos. Por eso, no se puede justificar la masturbación como una opción “menos mala” frente al adulterio. La moral católica siempre llama a la persona a vivir en la gracia de Dios y buscar la virtud, confiando en que con su ayuda es posible.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

Pbro. Eduardo Michel Flores.