Un día vino un joven de unos 26 años al confesionario, y al finalizar su confesión me dijo: “Padre, creo que Dios me llama a seguirlo, pero tengo miedo”, entonces yo le pregunté: “A ver, déjame ver si entendí bien ¿Tú crees que Dios te ha dado la vocación al sacerdocio?”, él me dijo: “Padre, desde adolescente he sentido que Dios me llamaba a seguirlo, pero no me decidí a hacerlo, creí que con el tiempo eso que sentía en mi interior dejaría de sentirlo, pero no ha sido así, al contrario, creo que el llamado de Dios ahora es mas fuerte y claro”, entonces yo le pregunté: “Pero ¿Por qué crees que sea en la vida sacerdotal? ¿No podría ser que Dios te llamara a consagrar tu vida para servir a los demás, por ejemplo, en una vocación tan noble como la de maestro o la de médico?”, él me respondió: “Padre, aunque admiro mucho a los maestros y a los médicos, porque desgastan su vida al servicio de los demás, sin embargo, creo que Dios me está pidiendo algo más que eso, creo que Dios me está invitando a darle mi vida entera”, yo le pregunté: “Y eso ¿cómo lo sabes? Es decir, ¿cómo sabes que Dios te está pidiendo darle tu vida entera?”, él me contestó: “Padre, eso no lo puedo explicar, es algo que siento muy dentro de mí y que no puedo entender, sin embargo cuando pienso en las profesiones que hay o los estados de vida que existen, me doy cuenta que Dios quiere que yo sea sacerdote, que le consagre toda mi vida”, entonces yo le dije: “¿Sabes qué es eso que no puedes entender y menos explicar? se llama ‘vocación’, es ‘el misterio de la vocación’, que no puede ser entendido y menos explicado, es más, si me hubieras explicado minuciosamente y sin ningún titubeo tu vocación entonces la habría puesto en duda, pero como apenas entiendes lo que te pasa y no lo sabes explicar entonces creo que estamos frente a una auténtica vocación al sacerdocio, la vocación es un misterio, por eso difícilmente se puede entender y menos explicar”, entonces él me dijo: “Padre, entonces si usted cree que mi vocación es auténtica ¿Por qué tengo tanto miedo a seguirla? ¿Por qué no me animo a responderle al Señor?”, yo le respondí: “Creo que es normal sentir miedo, sobre todo porque no respondiste a Dios más joven y ahora te preguntas si no es muy tarde para responderle, si no fracasarás en el intento, además seguramente ya tienes una carrera y tal vez hasta un trabajo bien pagado, dejar todas las seguridades produce miedo. Además se le tiene miedo a lo desconocido, y como tú no sabes qué pasará si sigues al Señor, por eso tienes miedo; pero no tengas miedo, porque Dios no te habría llamado si no creyera que podrías llevar a cabo esta misión que él mismo te ha dado, anímate a dar ese paso tan trascendental en tu vida y decídete a seguir al Señor y a entregarle toda tu vida con generosidad y alegría”, entonces el joven me miró con una sonrisa en su cara y con mucha paz en su rostro y me dijo: “Gracias Padre, ahora ya no siento miedo de seguir el llamado de Dios. Con la ayuda del Señor lo seguiré sin dudar, pida por mí, por favor”, yo le dije: “Cuenta con ello”.

Amigos, cuántos adolescentes o jóvenes sienten el llamado de Dios a seguirlo más de cerca, pero desgraciadamente por miedo e inseguridad no lo hacen. Los padres de familia deben ayudar a sus hijos a discernir serenamente cuál es su vocación, qué es lo que Dios quiere que ellos hagan para que sean felices. Porque ¿qué padre de familia no quiere que su hijo sea feliz? Y si alguno siente el llamado de Dios que lo siga sin pensarlo demasiado, con firmeza y valentía. El secreto de la felicidad está en descubrir nuestra vocación y seguirla con decisión y alegría.

Que Dios los bendiga, hasta la próxima semana.

P. Eduardo Michel Flores.